Una pareja y una familia pueden vivir con diferentes religiones si impera la tolerancia y un espíritu abierto. Es importante tratar de conocer la religión de su pareja y abordarla con interés y sin prejuicios. Así se podrá descubrir en qué medida la religión influirá en la convivencia cotidiana y en la relación.
La confianza mutua, la comunicación sincera, un proyecto de vida en conjunto, además de los individuales, hace fuerte la convivencia familiar.
El amor va más allá de la apariencia física. El aspecto interior de la persona pesa más en la balanza y eso da paso al matrimonio. Las parejas deben valorar qué importa más, al final el físico va cambiando con los años.
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En principio no hay ninguna condición para formar una familia de diferentes nacionalidades, es simple, el amor no tiene fronteras.
Las diferencias de cultura o de idiomas es lo que quizás comienza a conformar un límite, principalmente entre personas que no hablan un mismo idioma. Otro factor es la visión del mundo que tiene cada uno de ellos, por ejemplo, el manejo de la economía del hogar, el número de hijos a procrear, la planificación familiar, la religión, hasta el concepto de familia que cada cual tenga influye mucho en la relación.
Esos son aspectos que pueden generar conflictos en la familia, deben abordarse antes de formalizar la unión. Por eso es importante que durante el noviazgo empiecen a negociar la relación para saber en cuáles puntos coinciden y en cuáles difieren, en ese momento ponen a prueba la capacidad que tienen para negociar.
Compromiso
Por alguna razón estas personas se conocieron, muchos extranjeros se quedan viviendo en el país de la pareja, para eso uno tiene que asumir un compromiso, el cual consiste en desligarnos de nuestros orígenes para reunirnos o ligarnos a este nuevo lazo.
Eso tiene riesgos y costos pero las personas que se enamoran consideran que vale la pena porque el amor les mantiene para continuar sus vidas, después de todo, esto es como una renovación. Por un lado, se pierde algo; por otro, están creando nuevas experiencias. En el caso de las parejas que están enfrentando un conflicto debido al cambio, creo que desde el principio deben acudir con un especialista porque cuando no hay una orientación adecuada el matrimonio puede fracasar.
Ahora, en cuanto a los hijos, las parejas casi siempre están de acuerdo en que la educación y la identidad de los hijos sea una fusión, con mucha razón si hablan diferentes idiomas. Es bueno que siempre estén en contacto con las dos familias, con las dos culturas. Los hijos deben identificarse con mamá y papá.
La mayor diferencia entre las parejas es cuando son de diferentes continentes, mientras que las parejas latinoamericanas se identifican más rápido. Eso no quiere decir que las demás no se entiendan; hay personas de la misma nacionalidad que no se comunican bien. Lo importante de la unión es el amor que ambos se tienen, sus sueños y el interés de compartir sin obligar a nadie.