Las huellas de Puckett

[email protected] Ahora que ya no está, resulta difícil explicarse cómo en un cuerpo tan pequeño (5.8’) y mofletudo (210 libras) podía caber tanta gracia y talento. Sin embargo, durante 12 años, Kirby Puckett salpicó a los Mellizos y al beisbol de Grandes Ligas, de una magia especial que no podrá borrar el tiempo. Desde su […]

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Ahora que ya no está, resulta difícil explicarse cómo en un cuerpo tan pequeño (5.8’) y mofletudo (210 libras) podía caber tanta gracia y talento. Sin embargo, durante 12 años, Kirby Puckett salpicó a los Mellizos y al beisbol de Grandes Ligas, de una magia especial que no podrá borrar el tiempo.

Desde su debut en las Mayores, el 8 de mayo de 1984, bateando de 5-4 ante Jim Slaton y Luis Mercedes Sánchez, de California, se supo que algo grande estaba iniciándose, aún cuando su figura era la antítesis del jugador de beisbol, por lo general apreciado por su espigada y atlética estampa.

Pero más allá de su apariencia, Puckett fue capaz de una carrera que incluyó 2,304 hits en sus primeras 12 campañas y un promedio de por vida de .318.

También coleccionó cuatro campañas al hilo con 200, situado sólo detrás de Wade Boggs (7) e Ichiro Suzuki (5) en ese renglón.

Cuando Puckett dijo adiós al beisbol en 1995, tenía sólo 35 años, pero el glaucoma había avanzado mucho en su ojo izquierdo y era un riesgo que siguiera.

Para entonces, sin embargo, ya había tomado parte en 10 Juegos de Estrellas, había capturado seis Guantes de Oro y un título de Más Valioso en Serie de Campeonato.

Puckett no obstante, pudo haber sido el Más Valioso en la Serie Mundial de 1991, quizá la más grande que se ha jugado en la historia, al empujar a los Mellizos al éxito ante Atlanta.

“Para comprender cómo se eleva el estatus de buen jugador a leyenda, hay que observar el sexto juego de la Serie Mundial de 1991”, dice Tim Kurkjian sobre Puckett, quien se fue de 4-3, con 3 remolques, un jonrón y una fabulosa atrapada en el tercer episodio.

Pero sobre todo, Puckett trajo alegría al beisbol y mostró la emoción sincera que sólo suele apreciarse en los niños mientras juegan.

Puckett llegó a ser mucho más grande que sus propias estadísticas.

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