- Mientras Brasil gana confianza tras el pago al FMI, los mercados internacionales ahondan sus dudas sobre Argentina
Gustavo StokBuenos Aires, Argentina
Al árbol de Navidad del FMI no le faltaron regalos. Es historia conocida. Primero, el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció a mediados de diciembre el pago de 15,500 millones de dólares con el que canceló la deuda brasileña con el organismo multilateral de crédito. Para no ser menos, algunos días después su par argentino, Néstor Kirchner, hurgó en las reservas del Banco Central y depositó 9,810 millones para también liquidar la deuda con el FMI.
La jugada parece haber dejado a todos satisfechos. Rodrigo de Rato, el titular del Fondo, cumplió con el objetivo que se había trazado el organismo de crédito en 2002, cuando decidió salir a reducir el riesgo crediticio: en los últimos dos años cobró 30,000 millones de dólares y disminuyó su exposición crediticia en 40 por ciento. En la otra vereda, Lula y Kirchner lograron ganar oxígeno político interno al mostrar el pago como un acto de soberanía política, al tiempo que minimizaron las críticas de quienes preferían utilizar ese dinero para mitigar en algo las dramáticas condiciones sociales de sus países.
¿Fin del cuento? No, la historia recién comienza. Y los resultados de ambas jugadas se podrán ir monitoreando a diario. La variable a seguir es el riesgo, donde los aparentes paralelismos entre Brasil y Argentina empiezan a tomar distancia. Mientras Brasil redujo sustancialmente su prima de riesgo y sueña con que el pago al Fondo constituya otra señal de confianza que vaya reduciendo sus altísimas tasas de interés internas, en Argentina el golpe ahondó todavía más las dudas de los mercados internacionales y hay quienes sostienen que el país deberá convivir con un nivel de riesgo mayor en los próximos años.
“Que Brasil le pague al FMI es una etapa natural de su proceso económico y es una demostración más que se graduó en algunas materias tras años de esfuerzos”, dice Guillermo Mondino, economista jefe de Lehman Brothers, en Nueva York. “En cambio, que Argentina pague es un apresuramiento, otro tropezón del presidente que tomó una decisión cuando nada desde la perspectiva económica lo sugería”. Esas visiones contrapuestas se reflejan en el mercado. Mientras el índice de riesgo país de Brasil medido por J.P. Morgan Chase cayó sustancialmente tras el anuncio de pago —de 330 puntos a comienzos de diciembre a 264 puntos a fines de enero, el menor nivel de la historia—, el de Argentina subió en los días siguientes de conocerse la noticia para luego estabilizarse en 480 puntos.
Para Caio Megale, economista socio de Mauá Investimentos, en São Paulo, las líneas de riesgo de Brasil y Argentina continuarán separándose en 2006.
“Si el contexto internacional continúa siendo favorable, la prima de riesgo de Brasil seguirá cayendo hasta por debajo de los 250 puntos básicos, sobre todo si el candidato del PSDB (José Serra) se posiciona en las encuestas”, dice. “En cambio, en Argentina es muy posible que el riesgo suba por el temor a una inflación creciente”.
Felisa Miceli, la Ministra de Economía argentina, anunció que pretende recuperar durante este año las reservas usadas —casi el 40 por ciento del total— para el pago al Fondo. “Salir a comprar dólares puede empujar hacia arriba la inflación, el principal problema de Argentina”, dice Ricardo Amorim, director de investigaciones de inversiones para América Latina de WestLB, en Nueva York. “En algún momento el Banco Central tendrá que dejar apreciar nominalmente el peso —lo que significaría no seguir comprando dólares— o elevar significativamente el nivel de la tasa de interés”.
No es el único temor. “La diferencia más importante es que, tras el pago al FMI, Brasil no disminuyó la capacidad de pago para hacer frente a la deuda con los acreedores privados”, dice Amorim. “Argentina, en cambio, redujo mucho sus reservas internacionales y también su capacidad de pago a los acreedores privados en los próximos años”.
El atajo
Las distintas percepciones de los mercados globales sobre los rumbos seguidos por Lula y Kirchner no son simple anécdota. Aún con la abundante liquidez fluyendo hacia los mercados emergentes, Argentina no ha logrado salir a financiarse en los mercados internacionales tras la declaración del default de buena parte de su deuda pública a fines del 2001. Cuando lo intentó, fracasó. En septiembre del año pasado, el gobierno argentino declaró desierta una licitación pública de deuda en el mercado internacional por considerar que las tasas que le pedían eran demasiado altas.
El problema es que Argentina, aun sin la deuda con el FMI, necesita financiamiento externo. “Mientras Brasil tendrá un superávit estimado en la balanza de pagos de 10,000 o 12,000 millones de dólares; en Argentina, en cambio, la balanza de pagos será deficitaria en 2006”, dice Megale. Para solventar las necesidades financieras de este año, Argentina necesita 2,300 millones de dólares. Para cubrir ese bache, Kirchner decidió tomar un atajo, pero que genera dudas en el mediano plazo: convirtió a la Venezuela de Hugo Chávez en el acreedor individual más importante de Argentina. Con la compra de 312.4 millones de dólares anunciada a fines de enero, los petrodólares venezolanos ya llevan adquiridos 1,900 millones de dólares de títulos de deuda argentina. Y Venezuela anunció que podría desembolsar otros 1,000 millones este año.
La jugada permite al gobierno argentino cumplir con sus compromisos, pero sigue alejándolo de la confianza del mercado. Brasil, en cambio, está en condiciones de financiarse barato en los mercados internacionales de capitales. En enero el país hizo la primera emisión del año y logró captar 1,000 millones de dólares al vender un título en dólares con vencimiento en 2037 a un costo de 7.55 por ciento anual. Y la caída del riesgo país permitirá emitir anticipadamente el 38 por ciento de lo previsto para 2006/2007 en el primer semestre del año. El objetivo es huir del inevitable incremento del riesgo electoral a medida que se acerquen los comicios de octubre..
La buena nueva para Brasil es que la solidez financiera puede trasladarse al ámbito local. “Como el costo para financiarse en el exterior sigue bajando, hay una posibilidad única en Brasil para bajar los niveles de intereses domésticos”, dice Amorim. “La expectativa es que para fines de este año la tasa Selic caiga a 14 por ciento, que sería el nivel más bajo de la historia”. para los analistas, la tendencia a la baja continuará en 2007.