Alberto L. Alemán Aguirre
Roman, Times, serif»>Golpes en la mesa
Costa Rica, más lecciones
Alberto L. Alemán Aguirre
El muy estrecho margen de la victoria de Oscar Arias en Costa Rica, apenas un punto porcentual, no es un mandato categórico para su programa e intenciones, y si es el gran demócrata que presume ser, tendrá que oír a la mitad de la sociedad que no le votó.
El proceso electoral y el período que va del día de los comicios —5 de febrero— hasta el miércoles, presenta varios aspectos que merecen ser destacados .
En primer lugar, debe señalarse la admirable actitud cívica de Arias, del Partido Liberación Nacional (PLN) y su rival Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC), y de la ciudadanía.
Ambos candidatos evitaron proclamarse apresuradamente ganadores el día de la votación, y cuando se suspendió el conteo electrónico, acataron la disposición del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) de aguardar.
La diferencia llegó a ser tan mínima que era de hecho un empate técnico.
Creo que en un escenario parecido en Nicaragua, sería difícil esperar ecuanimidad y moderación de los líderes políticos locales. Con gran probabilidad, podría haberse visto violencia.
Otro aspecto es que al menos, según las informaciones de que disponemos, el Tribunal Supremo de Elecciones estuvo a la altura de sus responsabilidades. Es un signo de que en Costa Rica, a pesar del deterioro paulatino del sistema político, existe aún partes de la institucionalidad bastante saludables.
Si bien el PAC cuestionó el escrutinio en unas 712 mesas de un total de 6,163 e impugnó los resultados de casi 600, la mayoría de esas denuncias han sido rechazadas. La mayoría de los sectores políticos, los medios y otros han manifestado confianza en el TSE. El trabajo del tribunal mereció elogios de la misión de observación de la OEA.
Una vez más, son ineludibles las comparaciones. Hoy vemos con profunda desconfianza al CSE en Nicaragua, dominado por intereses partidistas.
No fue un tema muy discutido en la campaña, pero estaba en la mente del electorado que votó (el 65 por ciento del total que podía): el DR-Cafta. Costa Rica sigue sin ratificar el tratado y la sociedad está muy dividida en cuanto a él.
Si se suman los porcentajes de los candidatos que habían manifestado apoyo al DR-Cafta, se puede sugerir que una mayoría de costarricenses está a favor del acuerdo comercial, pero no es aquél el único factor que motivó a muchos a votar por dadas personas.
Sí es claro que el político más influyente que se opone abiertamente es Solís. Propuso rechazar su ratificación y renegociarlo. Además, está en contra de la privatización de las grandes empresas estatales de electricidad, telecomunicaciones y seguros.
El miércoles mismo, cuando el TSE terminó el conteo manual y divulgó los resultados, sin proclamar aún al ganador, dirigentes de sectores que se han opuesto a las privatizaciones vislumbraron futuras confrontaciones.
“Arias sería un presidente sinónimo de confrontación porque trabaja para la oligarquía pro tratado de libre comercio con Estados Unidos (DR-Cafta), la misma que financió su campaña”, dijo Albino Vargas, de la Asociación de Empleados Públicos y Privados.
El país vecino vio las protestas más importantes en medio siglo cuando Miguel Ángel Rodríguez intentó privatizar el ICE (telefonía, internet, electricidad). Abel Pacheco tampoco pudo hacer nada.
Al menos en declaraciones posteriores al 5 de febrero, Arias ofreció dialogar.
Fuera de una genuina intención o no del Premio Nobel de la Paz, está en gran medida forzado a ello. De un lado, por el alto grado de organización de esos sectores sociales en contra. Por otro, la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa impone la negociación.
El PLN sólo habría logrado 25 de los 57 diputados, mientras que el PAC obtuvo 18, el oficialista PUSC cuatro, el Movimiento Libertario ( neoliberal) seis y otros cuatro son gente de partidos minoritarios.
Es visible ahora que con un 40 por ciento de indecisos según las encuestas —con pronósticos errados en cuanto a la magnitud del triunfo de Arias—, el mensaje de Solís fue más efectivo y estuvo a punto de dar la gran sorpresa. El líder del PAC consolida así su posición como figura clave de la política tica. Su discurso ético, su postura en temas económicos, su denuncia de la corrupción bipartidista PLN-PUSC, caló de nuevo. Emergió en 2001, cuando terminó de tercero.
Lo sucedido muestra el deterioro de la credibilidad de los políticos tradicionales, y del sistema. Desde hace años, estudios politológicos y sociológicos advertían de un descontento con el nivel de vida decreciente, con la eficiencia disminuida del Estado, con la lentitud del sistema de justicia.
Sin duda alguna, los escándalos de corrupción (porque los hechos ilícitos ocurrieron, aunque no haya condenados) que mandaron temporalmente a prisión a dos ex presidentes, desnudó el hecho de que la venalidad de la clase política tica es tan grande como la de del resto de Centroamérica, y eso cobró la factura al bipartidismo con el descalabro del PUSC.