El impacto social del subsidio al transporte

Guillermo Cárdenas Montalavá[email protected] En la primera década del tercer milenio, el mundo moderno exige a los actores del dinamismo económico, tanto a las unidades privadas como públicas ser líderes. Este liderazgo puede ser alcanzado a través de la reducción de costos, reducción de gastos, investigación, y distribución y aplicación de los recursos necesarios para ser […]

Guillermo Cárdenas Montalavá[email protected]

En la primera década del tercer milenio, el mundo moderno exige a los actores del dinamismo económico, tanto a las unidades privadas como públicas ser líderes. Este liderazgo puede ser alcanzado a través de la reducción de costos, reducción de gastos, investigación, y distribución y aplicación de los recursos necesarios para ser cada día más competitivos.

Según la reflexión neoliberal, a efectos de conquistar el equilibrio económico y provocar el bienestar social, una economía llevada solamente por las fuerzas del mercado tendrá un mejor desempeño que una economía en la cual el sector público tiene un papel activo. Desde esta configuración, el deber del Estado es, principal y básicamente, certificar las condiciones de mercado necesarias para alcanzar un uso óptimo de recursos.

Dada esta perspectiva, es alarmante que a estas alturas cuando muchos países están trabajando en la reducción y eliminación de subsidios que minan y entorpecen las directrices de enfoque económico, en nuestro país Nicaragua, un grupo de personas con intereses más político que socioeconómico, acordaron subsidiar el maltrecho transporte capitalino cargando un impuesto a las petroleras existentes en nuestro país.

En materia de subsidios, este, incluye tanto el pago formalizado por el Estado a los agentes privados, o a través de exoneraciones que benefician a productores o consumidores. Mediante la provisión de subsidios, el Estado absorbe parte del costo de reproducir la fuerza de trabajo, mejorando así las condiciones por medio de las cuales los grupos sociales más ricos en este caso los transportistas, dirigidos políticamente por el Frente Sandinista, pueden apropiarse de la riqueza y acumular capital.

Los subsidios se han permitido en otros países, para incentivar la producción y las exportaciones, mejorar la plataforma productiva y aliviar cargas impositivas a sectores sensibles de las economías como la agricultura y el sector microempresarial, y en otros casos se ha utilizado como una forma de invitar y promover al capital nacional y extranjero a invertir.

En Nicaragua es preocupante ver como el estado, en este caso el Ejecutivo no asumió la responsabilidad de resolver el problema, al tener que ceder a las exigencias del gremio de transportistas y a las manipulaciones de los señores que dirigen el partido frente sandonista. El ejecutivo se preocupo en primer lugar por terminar de gobernar a costa del incremento y el impacto social en los más desprotegidos.

El subsidio a través de la creación de impuesto a las petroleras tendrá sus repercusiones en el incremento del combustible, incremento en el transporte de bienes y en el aumento al costo de energía, lo cual trascenderá grandemente en una inflación extraordinaria la cual tendrá que ser asumida por la población en general donde el estado únicamente hará el papel de mediador, captara los ingresos de impuestos, para transferirlos al gremio demandante.

De aprobarse por la Asamblea Nacional la creación del impuesto, todos los ciudadanos nicaragüenses estaremos subsidiando el transporte de la capital, lesionando increíblemente de forma directa la economía y dando un gran paso hacia la creación de un mecanismo cancerígeno que socavará los débiles pilares de la infraestructura económica nicaragüense.

Con este mecanismo parásito de nuestra economía, se pondrá en riesgo la productividad, y el escenario para la inversión nacional y extranjera estará minado por la incertidumbre de la creación de impuestos para subsidiar a los gremios liderados por el frente sandinista. De esta manera se entregará dinero por unidades chatarras, unidades que no circulan, unidades que no existen, unidades que matan a nuestros ciudadanos, se entregara dinero a empresarios que no pagan prestaciones sociales a sus empleados y que ejercen un manejo irregular de los subsidios.

En esta realidad de nuestro país, varios optan por obviar el problema, otros por aprovecharse de la situación y el gobierno cree que es verdaderamente imposible transformar algo de esta realidad. Estas actitudes desprecian la política como una herramienta para hacer las cosas un poco mas justas. No se debe permitir ni justificar la presencia de los mismos actores de los escándalos del transporte, con el solo argumento de garantizar la prestación del servicio o el mantenimiento de la tarifa.

La alcaldía municipal de Managua ha reflejado la incapacidad e ineptitud para crear estrategias de solución, su adormecimiento es tan prolongado que los managuas ya se vienen dando cuenta que el gobierno municipal es un títere y que en la practica y en los conflictos venideros no poseen la audacia ni la experiencia de la administración anterior.

Es impresionante observar como un partido político, en este caso el frente sandinista esta ensañándose con el pueblo, de forma sublime los que pagaran el subsidio serán; la población mas pobre, los vendedores ambulantes, los microempresarios, los productores, es a su ves contraproducente que dentro de sus campañas a bogue por los pobres cuando en la realidad son la nueva era vampiresca que pretende llegar al poder con nuestro dinero.

Todos sabemos que los transportistas obedecen órdenes del partido frentista, y la pregunta que todos nos hacemos y con mucha incertidumbre provocada por los vicios del manejo del subsidio es, ¿en un año electoral y a pocos meses de iniciar la campaña, donde irá a para el subsidio que se le entregara a los transportista?

El autor es Analista Económico.

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