Roberto Pérez Solí[email protected]
Quince minutos antes de las 2:00 p.m. el bullicio provocado por unas seis mil personas aglomeradas en el parque central de La Paz Centro, fue enorme. Después de casi cuatro horas celebraban la consumación del hecho que los llevó a este árido parque: presenciaban la elaboración del quesillo más grande del mundo.
Fueron 106 metros de este gustado platillo típico del occidente del país hecho de cuajada y complementado con crema, ensalada de cebolla y tortilla.
Cincuenta y ocho mujeres todas dedicadas a la venta de este producto por las distintas calles del país, demostraron una destreza y velocidad de tejedoras para elaborar, a vista y paciencia de los presentes, el quesillo en trenza más grande hasta ahora visto.
“Estoy orgulloso, cumplimos la meta. Habíamos dicho que serían 100 metros de quesillo, pero hicimos más. Con esto queda demostrado que esta ciudad es la cuna del quesillo”, exclamaba entre empujones y vivas de los asistentes, Juan Grijalva, único hombre que ayudó a las mujeres a preparar el quesillo.
A pesar de las tolvaneras provocadas por los vientos de la temporada La Paz Centro, reconocida también por sus artesanías de barro, ayer lucía diferente. Desde muy temprano grupos de pobladores, bien “emperifollados” se miraban por todas las calles de este municipio ubicado a 56 kilómetros de Managua.
En los alrededores del parque central grupos musicales, entre éstos Los Hijos del Son, daban un tono alegre al ambiente. Los chicheros, con sus sones de toros y la típica música nacional, tampoco podían faltar.
A las 10:30 a.m., hora y media después de lo previsto y con un parque a reventar por propios y extraños, Freddy Méndez, vicealcalde municipal, dio inicio a la actividad que al mejor estilo de las novelas mejicanas tendría un feliz final.
“Esta actividad no es para decir que aquí surgió el quesillo, la hicimos porque consideramos que debíamos promocionar nuestra ciudad, darla a conocer a los turistas”, dijo Méndez, quien sostuvo que posteriormente verán si la hazaña puede quedar registrada en los Récord Guinness.
La Paz Centro y Nagarote, otra ciudad del departamento de León, se disputan desde hace muchos años la maternidad de este producto.
MUJERES LUCHADORAS
Hasta la fecha no se sabe si el quesillo elaborado ayer es el más grande del mundo. Pero lo que no está en duda es el tesón y orgullo que las 58 mujeres, junto a otras 20 que palmearon seis mil tortillas, demostraron mientras elaboraban el mismo producto que venden para mantener a sus hijos.
Seis ecofogones soportando enormes tinas de metal, repletas de agua hirviendo, sirvieron para ayudar a suavizar las 1,100 libras de cuajada que después serían amasadas y transformadas en la trenza de 106 metros cuyo grosor, en un inicio, fue de unas cinco pulgadas pero después perdió figura y medida. A pesar de esto, siempre fue cubierta con un plástico transparente. Tal vez, pensaron los organizadores, para no perder de vista el jugoso producto.
Con su gorro, delantal y mascarilla blanca, Mercedes Narváez apuraba sus manos para amasar la cuajada. Minutos antes, ayudada de un enorme molinillo, le había “dado vueltas” dentro de la hirviente agua. Dejando a un lado el cansancio, a simple vista dibujado en su rostro. Aseguró estar feliz porque las autoridades locales la seleccionaron entre unas 500 vendedoras de quesillo.
“Tengo cinco años de vender, ojalá que después de esta actividad que ha sido vista por muchas personas, podamos mejorar nuestro negocio”, dijo Narváez con una voz y sonrisa apenas perceptible.
RECONOCEN LABOR
Una vez alcanzada la meta la enorme trenza blanca fue acompañada por una ensalada de cebolla. Se usaron 800 libras. Segundos después el olor de la ensalada se confundiría con el de las 400 libras de crema llevadas al mismo lugar. Los trozos de quesillo fueron vendidos por la comuna a 10 córdobas.
“Valió la pena dejar mi casa y venir a disfrutar de este bonito momento”, dijo Leyla Cortés, de 35 años, originaria de la ciudad de León. “La comida es parte de la cultura y hoy lo pudimos comprobar”, expresó Julio Valle, director del Instituto Nicaragüense de Cultura.