- Centenares de juigalpinos expresan indignación por el crimen
Mercedes SequeiraCORRESPONSAL / [email protected]
Centenares de juigalpinos despidieron ayer en el cementerio de Juigalpa, al capitán de la Policía de Chontales, Pablo Antonio Bonilla Urbina, quien fuera asesinado el miércoles de una cuchillada propinada por un delincuente. Su sepelio se convirtió en una multitudinaria marcha de repudio por ese crimen.
Los participantes en la marcha fúnebre, manifestaron tristeza, indignación, llanto y expresiones de solidaridad a los familiares y colegas de Bonilla Urbina, de 31 años. Las sirenas de las unidades del Cuerpo de Bomberos de Juigalpa y patrullas de la Policía encabezaron la marcha que inició luego que el féretro salió de la Catedral de esta ciudad, donde el padre Enrique Molina ofició la misa de cuerpo presente.
Bonilla Urbina falleció a manos de Carlos Dávila Chavarría, a quien éste y otros agentes intentaban desarmar de un cuchillo, el cual sacó cuando los policías quisieron capturarlo frente a la sede policial de Juigalpa, hasta donde llegó para enfrentar una cita que la Comisaría de la Mujer le extendió por amenazas de muerte en contra de su ex cónyuge, Glenda Cruz.
“Tenemos que preocuparnos que (los policías) estén bien formados. Tenemos que darles los medios para que no estemos ante estas situaciones, medios materiales, medio de formación, porque la vida de un policía para la sociedad civil es algo sagrado, porque están ahí para salvaguardar nuestra seguridad, los tenemos que apoyar”, afirmó el párroco Molina.
El jefe del Estado Mayor del Quinto Comando Militar del Ejército de Nicaragua, teniente coronel David Zelaya, lamentó la muerte del capitán Bonilla Urbina y dijo que éste actuó con la intención de capturar a Dávila Chavarría y no matarlo.