- Desde un hospital cuenta su historia a LA PRENSA
Luis Alemán [email protected]
Cuando Alejandra de los Ángeles pasó la prueba de ingreso a la Mara Salvatrucha 13 de El Salvador, nunca imaginó que los 13 segundos de puñetazos y puntapiés que recibió serían con el futuro, una ligera idea de lo que le esperaba en los próximos 11 años de su vida.
Ahora desde su cama en el Hospital Roberto Calderón, donde se recupera de lesiones que sufrió en circunstancias que ella prefiere no revelar, recuerda que las razones que la hicieron abandonar las filas de las peligrosas pandillas salvadoreñas, serán su mejor secreto.
Alejandra de los Ángeles está en Nicaragua desde el 2004, cuando llegó al país huyendo de sus ex compañeros que la buscaban con una orden, “aplicarle la luz verde”, es decir matarla porque no cumplió con las normas de la pandilla.
En San Salvador quedaron, según ella, lo que más quiere, sus dos hijas, procreadas con otro pandillero, el que en la actualidad cumple una condena en una cárcel de máxima seguridad en El Salvador.
UN JUEGO
En un inicio su ingreso a las pandillas lo tomó como un juego, “pero cuando me di cuenta ya no podía regresar”, señala Alejandra, quien llora cada vez que recuerda que en El Salvador están sus dos hijas corriendo el peligro de sufrir las represalias de sus antiguos compañeros.
“Dios es el único que nos puede sacar de las pandillas”, aconseja.
La Policía asegura que esta joven fue agredida por su actual compañero de vida en el barrio Jorge Dimitrov.