CirugÍa de catarata en el hospital Nuestra Señora de la Bien Aparecida en Dapong, Togo, África Ecuatorial Togo, África. Noviembre del 2005.

El lado oscuro del corazón

(Expedición Médica Togo 2005) Fotos y texto especial para La Prensa: Antonio Aragón ¿Son atrevidos y aventureros? ¿Les gusta las nuevas experiencias? Les propongo un sencillo y “divertido” juego. Prueben a cerrar los ojos y a experimentar ser ciegos por un solo día, por unos minutos. Simplemente echen un vistazo a su cuaderno de bitácora […]

  • (Expedición Médica Togo 2005)

Fotos y texto especial para La Prensa: Antonio Aragón

¿Son atrevidos y aventureros? ¿Les gusta las nuevas experiencias? Les propongo un sencillo y “divertido” juego.

Prueben a cerrar los ojos y a experimentar ser ciegos por un solo día, por unos minutos.

Simplemente echen un vistazo a su cuaderno de bitácora e imagínense cuando eran niños. ¿Demasiado lejos?

Acuérdense cuando jugaban a oscuritas el día del cumpleaños de aquella preciosa vecinita del tercero que tanto les quitaba el sueño. Resuciten del letargo de su memoria aquella oscuridad que lo invadía todo. Aquel extraño sentimiento. Sientan de nuevo el vacío. El negro. La nada.

¡Hagan juego señoras y señores! ¡Hagan juego!

Y atrévanse a ensayar con nuevas e ingratas sensaciones.

Intenten pasar unos instantes sin ver nada, absolutamente nada; ni siquiera el brillo, el resplandor de la claridad de la vida exterior a través de la luz que se filtra, como una esquiva gota de agua entre las manos, al otro lado de los párpados, e intenten comportarse y llevar una vida normal…

Eso es exactamente lo que deben hacer para poder entender esa dura realidad que se extiende más al sur, por debajo de esa poderosa e infranqueable frontera de arena que es el Sahara, ante la impasible mirada de nuestros descansados ojos.

Aventúrense a bajar el delicado telón que soporta las pestañas, y llegará la noche. De repente, la más absoluta oscuridad lo cubrirá todo por completo.

Ver, mirar, observar. Verbos ya sin sentido.

Los ojos, pasan a ser una simple palabra carente de utilidad y significado en nuestro diccionario. Un mero significante.

Ya no existen los colores de la naturaleza: el azul intenso del mar tras la tormenta, el verde húmedo de los campos en primavera, el anaranjado de las llamas de la hoguera, el rojo de la sangre fresca.

La totalidad de las cosas pasan a un segundo plano y se ven supeditadas a la nueva realidad; la gran cadena perpetua, la ceguera.

¡Abran los ojos!

¿Entienden ahora a qué me refiero?

Disfruten de ello, ustedes que pueden.

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