- Con escopetas presionan al Gobierno para que les entregue títulos sobre cinco mil manzanas
- Invasores reconocen que han vendido parcelas en otros lugares
Tatiana Rothschuh AndinoCORRESPONSAL/RíO SAN JUAN
En los ojos de Aydalina Aguilar Matus asoma un destello de esperanza. Ella dejó su casita en la comunidad El Serrano, Nueva Guinea, porque los líderes tomatierras le sembraron la ilusión de tener una parcela en un lugar mejor.
A ella y a muchos ex miembros de la Resistencia, retirados del Ejército y precaristas, les dijeron que el Estado les dará títulos de propiedad sobre 5,400 manzanas de la finca Filadelfia, en El Almendro, departamento de Río San Juan.
Aydalina confía en que esta vez ella y su gente no sufrirán un tercer desalojo. Antes, la fuerza pública la sacó junto a otros precaristas, de propiedades donde “los jefes (tomatierras) han hecho sus chanchullos y al sacarnos nos dicen: vamos para otro lado”.
Sobre la carretera que va del empalme de Pájaro Negro a El Almendro, a mano izquierda, se ve en los cerros una sucesión de champas de plástico negro. El bosque lo botaron para levantar 168 mamarrachos en que se guarecen mujeres, niños y hombres.
Los invasores de la propiedad advierten que no abandonarán esas tierras y que mientras el Estado no las titule a favor de ellos, las defenderán con escopetas y piedras.
La mayoría de los precaristas poseen viviendas y hasta parcelas en sus lugares de origen, pero en la Filadelfia están un miembro de cada familia o un cuidador pagado por ésta en espera de la titulación. En algunos casos, la familia entera, precarista, se ha trasladado.
OTRAS PROPIEDADES TOMADAS
Durante los ocho años que Aydalina ha andado de un sitio a otro, se ha ganado el liderazgo entre los que necesitan la tierra y los que utilizan a los primeros para obtenerla y comercializarla.
Ella dice que en ese trajinar por la tierra han ocupado las propiedades de Quebrada Grande y La Ceiba (en el Cascal), jurisdicción de El Coral, “pero en los dos lugares fuimos desalojados”. Sostiene que no está clara de los negocios que hubo por debajera, aunque en cada momento los jefes de los tomatierras han dado sus explicaciones y han seguido en busca de la parcela prometida.
Cuenta que los líderes que los organizaron en Nueva Guinea, inicialmente les propusieron ir a ocupar tierras de la Reserva Indio Maíz. “Nos dijeron que nos iban a dar 50 manzanas de tierra, la comida y hasta dólares, pero sabemos que la reserva no la van a entregar. ¿Para qué ir a perder tiempo?”, relató Aydalina.
La guineana asegura que el jefe del grupo es Juan Francisco González Reyes, alias “Culebra”, quien les ha asegurado que cuentan con la posesión de 5,400 manzanas que pertenecen al Estado y tienen promesa de titulación.
PROPIEDAD EN CONFLICTO
Sin embargo, al entrar a la finca Filadelfia se les desató un conflicto porque Rosalina Góngora Hernández reclama la propiedad como suya. Ella la recibió en herencia, mediante una declaratoria pública, tras el asesinato de su esposo Donald Gerardo Jirón Sequeira.
La viuda de Jirón asegura que obtuvo por herencia 1,400 manzanas, pero ha desmembrado para sus hijos 600, por lo que los tomatierras han usurpado parte de las 800 manzanas que le pertenecen a ella.
La señora Góngora explicó que esas tierras fueron entregadas por el gobierno de Violeta Chamorro al jefe de la Resistencia, que entonces era Salvador Valdivia, alias “Chele Oswaldo”, y que Donald Jirón, su esposo, compró parte de ellas.
Mostró tres títulos de Reforma Agraria a nombre de Ramón Rizo (50 mz.), Julio Monjarrez (25) y Luis Ramón García (50 mz.). Luego enseñó dos escrituras públicas por la compra de 1,250 manzanas que fueron inscritas en el Registro Público y Mercantil con el número 652, folio 270, tomo 5.
Góngora dice haber recurrido a la Fiscalía para que con una orden judicial le desocupen la propiedad. “Voy a pelear a como sea, porque estoy peleando una cosa que es justa”, afirmó.
Carolina Vanesa Gutiérrez reclama también otra propiedad de 104 manzanas que dice haber comprado a Ivania Jirón Góngora, heredera de Donald Gerardo Jirón Sequeira. Según Carolina, los tomatierras han sido desalojados en dos ocasiones de su propiedad, pero al fin “nos dijeron que nada vamos a resolver aquí”.
“A mí me costó comprar la propiedad con el sudor de mi frente y la de mi marido. Hay un Dios que lo mira todo, que dé una respuesta pronto el Gobierno porque no estamos dispuestos a perder lo que compramos”, manifestó Gutiérrez.
VENDIÓ TIERRAS Y QUIERE QUE LE DEN
Cándido Andrés Hernández Ocón, de 20 años, relata que vivía cerca de la colonia La Fonseca, en Nueva Guinea, donde tenía su rancho y seis manzanas de tierra. “Tuve que venderlas porque allí tenía un enemigo y con mi esposa Sandra Francisca Espinoza, de 19 años, me vine aquí para que me den un pedazo de tierra, pero las cosas son duras aquí”, se lamenta.
Juan Pablo Amador González, de 36 años, dice que estuvo en el Servicio Militar obligatorio, en los años ochenta, desertó y se pasó a la Resistencia. En San Antonio, Nueva Guinea, tienen una casita y ahora, junto a su madre, espera que le den un pedacito de tierra en Río San Juan.
Amador es uno de los que se mantiene alerta, escopeta en mano, por si es necesario defender la tierra que se ha tomado con otros precaristas, en la finca Filadelfia.
Leopoldo Vargas Rivera, de 61 años, cuenta que es de la Zona Cinco de Nueva Guinea, donde está su mujer. “Yo estoy aquí solo, con el propósito de que me den las 20 manzanas que nos prometieron, tengo ocho meses de estar aquí y cuando me vine compré alambre para cercar, sembré una manzana de frijoles y un cuarto de maíz”, explica.
UNO SIN OJO Y OTRO SIN PIE
Francisco Javier Jarquín se pasea inquieto entre las champas, cojeando de un pie. Tiene 44 años, es retirado del Ejército y de esa experiencia le quedaron huellas imborrables: en un combate con la Resistencia, en 1988, perdió el pie izquierdo. Ahora usa prótesis y dice que el Gobierno aún tiene pendiente cumplirle con la entrega de tierras y otras promesas que les hicieron.
Germán Antonio Rivas Lazo estuvo durante la guerra al otro lado. Siete años pasó enrolado en la Resistencia y en un enfrentamiento en El Ayote perdió el ojo izquierdo. Igual que el retirado del Ejército, asegura que no le han cumplido con lo prometido.
“Éramos los mismos que nos enfrentábamos y ahora recapacitamos que fuimos forzados, estamos unidos en la misma lucha por la tierra y nuestras necesidades”, dijo Rivas Lazo.
BEBÉ “PRECARISTA”
En uno de los mamarrachos se oye el llanto de un niño. Es Filadelfito, el bebé que Sandra Francisca Espinoza recién dio a luz. Su padre es Cándido Andrés Hernández (20 años), quien fue alentado por los líderes tomatierras a vender una propiedad de seis manzanas para después ir a tomarse, junto a 183 familias, las tierras de la finca Filadelfia.