Alberto L. Alemán Aguirre
Oscar Berger se aprestaba a exponer lo mejor de sus dos años de gestión, a dorar la píldora en las carencias y la agudización de los graves problemas de Guatemala, como le gusta hacer a aquéllos que están en el poder, cuando el mismo sábado en que iba a leer su discurso ante el Congreso, le cayó un baldazo de agua fría.
Ese mismo día, hace dos semanas, una encuesta le daba un 75 por ciento de desaprobación a su gestión por la ciudadanía. El 69 por ciento no le cree capaz de resolver los problemas del país, y apenas el 25 por ciento de los guatemaltecos cree que es honrado; más del 46 por ciento estima que no lo es. El 76 por ciento piensa que solamente favorece a los ricos. Esos son los resultados del sondeo de la firma Vox Latina para el diario Prensa Libre entre 1,260 guatemaltecos.
La encuesta muestra un ánimo social de mucho descontento, de frustración y desorientación, pues uno de los aspectos más negativos es que la mayoría cree que en la actualidad nadie puede resolver los problemas.
El estado de opinión es un resultado de dos fenómenos, principalmente: el alto nivel de violencia —uno de los peores en Centroamérica— unido a la incapacidad de las autoridades de hacerle frente, y la persistencia de altos índices de pobreza y desigualdad en la más grande economía del istmo.
En 2005, unos 5,500 homicidios fueron cometidos en Guatemala, que cuenta con apenas 22 mil policías para dar seguridad a 14 millones de habitantes. En los primeros 20 días del año, 306 personas habían sido asesinadas. Literalmente, la sociedad está de rodillas ante el crimen.
Las pandillas dominan territorios en las ciudades, cobran “impuestos” a transportistas, negocios y trabajadores de las maquilas (dos dólares al mes, según reportes recientes policiales), asesinan y secuestran por encargo.
El narcotráfico ha hecho del país el principal punto de paso de la droga en la región, aprovechando su vecindad con México, una antesala a Estados Unidos. El crimen organizado ha penetrado las fuerzas de seguridad y al sistema judicial.
El ejemplo más dramático de esto fue la captura en EE.UU., el mes pasado, de tres altos jefes del SAIA, la Policía antidrogas. Uno de ellos era el máximo oficial del SAIA. Están detenidos acusados de colaborar con los narcotraficantes. Dos veces en el curso de un año, delincuentes vestidos como policías han robado cargamentos de coca de las bodegas de la Policía Nacional Civil misma.
De las 55 toneladas de drogas capturadas el año pasado, solamente cinco corresponden a Guatemala.
“No han disminuido los niveles de violencia y delincuencia”, dice el analista José Dávila, un nicaragüense radicado en Guatemala, donde dirige el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos, un centro de análisis regional. Al contrario, como muestra la encuesta, la percepción es que la seguridad es peor que con Alfonso Portillo, señalado de corrupción, y a quien tras dos años de gobierno, reprobaba el 82 por ciento.
Como en El Salvador y Honduras, los ciudadanos quieren mano dura para los delincuentes. Así lo expresó el 90 por ciento.
“Como problemas principales se menciona la inseguridad y el desempleo”, subraya Dávila. “Hay una caída de la credibilidad” de la administración Berger.
No todo va mal. En el área macroeconómica y financiera, la situación es bastante buena: el Producto Interior Bruto (PIB) creció el año pasado 3.2 por ciento, mayor al 2.7 por ciento registrado en 2004, mientras que la inflación cerró en 8.57 por ciento.
Las reservas monetarias internacionales alcanzaron una cifra récord de 3,806 millones de dólares en 2005, superando los 3,528 millones de dólares del 2004. Las exportaciones crecieron 7.8 por ciento, el turismo generó 869 millones de dólares y las remesas llegaron a US$2,992.82 millones.
Ni falta hace decir que Berger resaltó todo esto. “Debemos de ser claros: resolver los problemas de Guatemala, no hay Supermán que venga y los resuelva de un día para otro, no hay”, arguyó en su defensa.
Sin embargo, las inequidades persisten. Entre el 60 y el 70 por ciento de la población se encuentra en la pobreza, según diversas fuentes estadísticas.
En el informe oficial se reconoció que, pese al crecimiento de la economía, la situación de pobreza es “crítica” porque el año pasado, en 204 de los 331 municipios del país, más del 60 por ciento de la población sufría este flagelo.
“No se nota una mejora del nivel de vida de las personas a pesar de las buenas figuras macroeconómicas”, señala Dávila.
Un hecho a destacar es que la presentación del informe tuvo lugar en el marco de la conmemoración del vigésimo aniversario de la llegada al poder de un gobierno civil en Guatemala, tras décadas de dictaduras militares.
A pesar de los innegables avances de la democracia en Centroamérica, ésta aún tiene una considerable deuda en términos sociales para sus ciudadanos.