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Mantenga abiertas sus opciones para trabajar en otros países
Ken Cottrill
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Se cree que fabricar productos en países de bajo costo es una manera segura de lograr substanciales ahorros. Pero sin importar cuán buenos son sus pronósticos de demanda, una cadena de suministros que se extiende a nivel internacional está expuesta a grandes riesgos. E inclusive los mejores planes para trabajar en otras naciones pueden fracasar.
Por ejemplo, en la industria de la moda, las temporadas de compra son programadas con gran anticipación. Y sin embargo, la industria es muchas veces tomada por sorpresa debido a inesperados cambios en la demanda. Ciertos colores no son tan populares como se había pensado, debido a que los consumidores tienen otras ideas. Tal vez ropas exhibidas por una celebridad se convierten en una gran noticia. O el clima cambia, y también cambian los patrones de adquisición. De repente, la cadena de suministros debe cambiar el rumbo y entregar mercancías antes de que se cierre la ventana de oportunidad de las ventas. Y como los comerciantes minoristas eligen clientes dividiéndolos en grupos más pequeños, pronosticar la demanda se convierte en algo más complicado.
Esas inquietudes figuran entre las dificultades de mudar las operaciones a países de menores costos. Las compañías están ahora advirtiendo que deben equilibrar las dos partes de la ecuación “offshore”.
Janice Hammond, profesora de Investigaciones Sobre Manufacturas de la Escuela de Administración de Empresas de Harvard, ha estudiado esas compensaciones en el negocio de la indumentaria. Ella ha comprobado que los comerciantes al por menor con frecuencia se equivocan en la demanda y se quedan con grandes excedentes en sus depósitos.
De acuerdo a Hammond, cuando se trata de productos con gran incertidumbre en la demanda, los importes que los minoristas pagan por almacenaje, rebajas de precios y costos de inventario pueden superar las ganancias derivadas de contratar operaciones de manufactura.
En tales situaciones, una mejor alternativa podría ser un híbrido. Eso involucra una combinación de capacidad de manufactura “reactiva” para satisfacer inesperados incrementos de la demanda, y una capacidad de “base” más lenta, menos flexible, en países tales como China. Esta combinación aprovecha la producción en masa de ultramar mientras ofrece la posibilidad de una rápida reacción en las ocasiones en que enviar el producto rápidamente al mercado es más importante que minimizar los costos de producción. La mezcla correcta de esas capacidades depende de una serie de factores tales como el tipo de producto involucrado.
Ese tipo de híbridos no es un ejercicio académico. Griffin Manufacturíng, una empresa textilera con sede en Fall River, Massachasuttes, ha logrado hacer un negocio de eso. La empresa tiene una fábrica en Costa Rica y ofrece opciones de manufactura en Asia. Pero en su sede de Estados Unidos sus 200 empleados cortan tela, hacen bordados y cosen ropas.
Griffin ofrece fabricación a alta velocidad para empresas de ropa que necesitan entregas rápidas. Ese mercado ha permitido a la compañía prosperar en una época en que fábricas textiles en Estados Unidos están desapareciendo debido a la competencia externa.
Griffin y otras firmas que exploran ese nicho señalan que las decisiones de enviar fábricas a ultramar no tienen por qué ser a todo o nada. Inclusive, si a usted no le convencen ciertos aspectos de esa modalidad de producción, puede sin embargo cosechar beneficios mientras encuentra soluciones que permiten lidiar con algunos de los contratiempos.
Usted puede trabajar en otros países tratando de encontrar el punto donde pueda obtener una ventaja estratégica, tanto de la fabricación en el exterior como de la flexibilidad local.