Marlon José Navarrete Espinoza
Hemos sido testigos de la más reciente confrontación entre el gobierno del Presidente Hugo Chávez en Venezuela y la Iglesia Católica de ese país. Una crítica de un Cardenal ha sido el detonante de esta confrontación, Chávez exige una disculpa pública. Lo que en realidad quiere el presidente Chávez es la humillación de la Iglesia para sentirse poderoso y más encumbrado que la religión. Chávez quiere prevalecer por encima de todo, hasta de la Iglesia.
El Presidente venezolano no tolera ningún señalamiento contra su gobierno, que lo cree mesiánico, inmaculado e intachable. Si alguien se atreve a criticarlo entonces descarga toda su furia y la fuerza del aparato estatal para aplastar, denigrar, amenazar y despotricar en contra de ese atrevido valiente. Esto recuerda al FSLN en el poder durante la década de los ochenta junto a su presidente tiránico, Daniel Ortega y compañía.
Chávez ignora que la Iglesia no puede guardar un silencio cómplice en denunciar las injusticias y desaciertos de los gobiernos sin importar de qué signo ideológico sean. La Iglesia es misionera y no puede quedarse al margen de la realidad de los pueblos, sobre todo si ésta los encamina a la miseria, la desigualdad, la supresión de libertades y de los derechos fundamentales del hombre.
Le tomará mucho tiempo aprender al Presidente venezolano que está cometiendo un grave error y que debe ser más paciente y tolerante con las opiniones contrarias a él. Por otro lado, la Iglesia, recordemos, siempre ha prevalecido ante sus potentes enemigos a través de los siglos, no sin sufrimiento y sangre, pues la cuida y auxilia un poder Divino.