Aníbal Gallegos Borgen
Recuerdo el sábado 10 de enero de 1987. Eran las 5:30 de la mañana, centenares de personas esperaban el ferrocarril que pasaba por San Juan de Oriente procedente de Diriamba con destino a Managua. Ese día Ronaldo Zeledón Gallegos, de 19 años, abordó el ferrocarril. Su destino fue inesperado.
Según testigos, cuando el recorrido pasaba por el lugar conocido como Pacaya, precisamente frente a la casa de Gustavo Gallegos, la mole de acero de pronto se descarriló y volcó de manera estrepitosa. Fueron varios minutos que pasaron hasta que los centenares de pasajeros que lograron sobrevivir salían de cualquier manera de ese atolladero. Sangre, dolor, desesperación, heridas, llanto, era el escenario que se miró esa mañana de enero, sin embargo, Ronaldo, nuestro querido y recordado hijo, aquel día fue llamado por Dios Todopoderoso.
Otras personas también perdieron la vida en ese accidente: Celina Miranda de Niquinohomo; Juan José Mercado, de San Marcos; Pedro Alvarado, de la comarca Hoja Chigüe, y Arnulfo Nicaragua, de Catarina.
Nunca supimos con exactitud la causa del fatídico accidente. Las autoridades de esa época jamás investigaron lo que fue el peor accidente de la historia del antiguo ferrocarril.