- La reacción contra China tras el fin de las cuotas de textiles amenaza el sistema mundial de comercio y augura un mal presagio para la Ronda de Doha
Priscilla Murphy y María Jesús RiosecoSantiago de Chile
El año 2005 estuvo marcado por fuertes tensiones en el sistema multilateral de comercio. La lucha por un acuerdo en la Ronda de Doha dio pocos frutos y los países llegaron a la reunión ministerial de Hong Kong con pocas esperanzas.
Sólo en el ámbito bilateral el comercio mundial camina hacia una amplia apertura, como lo demuestra el acuerdo histórico cerrado en noviembre entre Chile y China, el primero del gigante asiático con un país occidental. Mientras, en el sistema multilateral, las amenazas se acumulan.
Los acontecimientos de este año en el mercado de textiles demostraron que, verdaderamente, los países no están dispuestos a poner en práctica la apertura prevista en acuerdos multilaterales que ya fueron firmados, por lo menos en lo que se refiere a China.
“De hecho, hay un vínculo entre el tema de China y las dificultades para avanzar en las negociaciones mundiales de la Ronda de Doha”, dice Osvaldo Rosales, director de la división de comercio internacional e integración de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Embajadores latinoamericanos han mencionado que el surgimiento de China como una potencia competitiva en todos los planos industriales dificulta adicionalmente la negociación, dice el director de CEPAL, quien negoció en nombre del gobierno de Ricardo Lagos el acuerdo comercial de Chile con EE.UU..
“Las concesiones que se hacen en el ámbito multilateral son para todos los miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y, por lo tanto, la baja de tarifas obviamente será también para los productos chinos, lo que causa aprensiones que no existían hace algunos años”.
El caso de los textiles es un ejemplo más que concreto de la resistencia a incorporar a China en el sistema, y es un mal presagio para los países en desarrollo, lo mismo para la hipótesis cada vez menor de conseguir un acuerdo favorable en el área agrícola en la Ronda de Doha.
En la agricultura, la necesidad estratégica de mantener la producción local de alimentos siempre se vio como justificativa para el alto nivel de distorsión en ese mercado —las tarifas máximas permitidas llegan a 2,554 por ciento, como es el caso del arroz en Japón—. De la misma manera, el proteccionismo reina en el mercado de textiles, que está en la raíz de la industrialización mundial. Por eso, de manera general ambos temas han quedado fuera de los acuerdos multilaterales del comercio hasta ahora.
RESTRICCIONES “VOLUNTARIAS”
Lo que agrava el escenario es que durante la Ronda de Uruguay de 1994, la OMC ya había llegado a un acuerdo de liberalización gradual del mercado de textiles (el Agreement on Textiles and Clothing, ATC) y que fue conmemorado como una gran victoria de los países en desarrollo. Pero, en los últimos diez años, las cuotas de textiles fueron removidas lo más lentamente posible y, al llegar a 2005, cuando el comercio debería ser totalmente liberado, se percibe que sólo se han exacerbado las distorsiones de ese mercado.
“No hay mejor ejemplo del fracaso del comercio administrado que el ATC y los acuerdos que lo precedieron”, dice Dan Ikenson, analista del Centro de Estudios de Política Comercial del instituto estadounidense Cato.
“El sistema incentivó el crecimiento mundial de la capacidad, conforme a las industrias que se acumulaban en los países que aún no tenían restricciones, lo que intensificó la competencia de las importaciones y la deflación de precios”.
Para evitar las cuotas de sus exportaciones, la industria textil china comenzó a dejar fábricas paradas en el país para producir en naciones como Vietnam, Tailandia y Filipinas. Pero en 2005, parte de esa capacidad ociosa fue puesta a funcionar, ocasionando un chorreo de productos a los mercados de EE.UU. y Europa, donde se hizo conocida como la “guerra de los sostenes”, un producto emblemático de la competitividad china.
EE.UU. y la Unión Europea, entonces, comenzaron a usar las salvaguardas preventivas previstas en el protocolo de acceso de China a la OMC, un mecanismo permitido hasta 2008, donde primero se bloquea el mercado y después se evalúa el daño.
Con esto, Europa y EE.UU. consiguieron que China “voluntariamente” limitase sus exportaciones de textiles para evitar las represalias. En América Latina, Brasil intentó hacer lo mismo, pero no consiguió cerrar el acuerdo de restricción voluntaria. Ahora, el país mueve procesos de salvaguardas contra China no sólo en el mercado de textiles.
El Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil está recibiendo denuncias del sector privado para adoptar salvaguardas contra cualquier producto chino con que se pueda probar daño al mercado brasileño, atendiendo a una antigua reivindicación de la industria local.
“Es un mensaje preocupante, porque indica que siempre que alguna economía desarrolla una capacidad competitiva fuerte en algún producto, va a enfrentar dificultades en las economías industrializadas, apelando a restricciones voluntarias, que realmente no son voluntarias y que no están permitidos en el marco de la OMC”, dice Rosales, de CEPAL.
Eso sólo pospone el problema por un tiempo, pues los importadores y distribuidores tanto europeos como estadounidenses sólo varían el origen de sus pedidos: en vez de pedir a China, piden a Vietnam, Tailandia o Filipinas, y las empresas instaladas en China se comienzan a ir a esos países”.
Para los países en desarrollo que intentan obtener en la Ronda de Doha un acuerdo que libere el mercado mundial de productos agrícolas, el asunto de los textiles es una mala señal. “En el caso de la agricultura, puede suceder algo muy semejante a lo que ocurrió en el área textil”, dice Rubens Ricupero, quien dejó hace un año el cargo de director general de la unidad de la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo, (Unctad).
Hay, por lo tanto, pocas razones para ser optimistas para intentar delinear la recta final de la Ronda de Doha, que tiene que ser finalizada a mediados del año que viene para ser aprobada antes que termine la autorización del Congreso estadounidense al Ejecutivo para que negocie acuerdos comerciales en 2007.