- El domingo, el país sudamericano escogerá en una segunda vuelta a su próximo presidente. El oficialismo apuesta a una dinámica mujer y la derecha a un acaudalado empresario
José Luis VarelaAFP
SANTIAGO.- Chile decidirá si otorga su confianza a la socialista Michelle Bachelet en la elección presidencial de este domingo, avalando con ello 16 años de gobiernos de centro-izquierda tras la dictadura de Augusto Pinochet, o si da el viraje a la derecha que propone el multimillonario empresario Sebastián Piñera.
Bachelet, ex ministra de Defensa de 54 años, aspira a convertirse en la primera mujer presidente de su país y la sexta en América Latina, mientras que Piñera, cuya fortuna se calcula en 1,200 millones de dólares, quiere terminar con la saga de gobiernos de centro-izquierda que se instalaron en Chile desde 1990, tras la dictadura de Pinochet.
Las encuestas revelan que Bachelet, ella misma víctima de la dictadura, es favorita para imponerse en esta segunda vuelta. Un sondeo de la empresa Mori publicado el jueves, el día de cierre de campañas, señala que sobre los votos válidos Bachelet obtendría el 53%, frente al 47% de su rival.
En la primera vuelta, que se celebró el 11 de diciembre, la ex ministra obtuvo el 46% de los votos frente el 25.4% de Piñera, quien ha crecido gracias a su discurso de derecha moderada y a su alianza con el ultraconservador Joaquín Lavín, que aporta su caudal de 23% de los sufragios que obtuvo en esa instancia.
Pese a que la diferencia entre los dos candidatos es estrecha, dentro de la Concertación —la suma de partidos de centro-izquierda que se alinea detrás de Bachelet— existe un ambiente triunfalista que se reflejó el jueves en un cierre de campaña, en pleno centro de Santiago, al que asistieron entre 100,000 y 200,000 personas, según distintas fuentes.
Allí, acompañada por el ex presidente del gobierno español Felipe González, el ex ministro de Cultura francés Jack Lang y los cantantes españoles Ana Belén, Víctor Manuel, Ismael Serrano y Miguel Bosé, la candidata afirmó su confianza en que podrá convertirse en la primera presidenta de Chile.
“Por Chile y los chilenos estamos acá. El domingo iniciamos un nuevo camino”, dijo en un discurso en que recordó a todos aquellos que combatieron la dictadura de Pinochet (1973-1990), con un guiño a su padre, Alberto Bachelet, muerto en una prisión del régimen.
Mientras tanto Piñera, de 56 años, realizó un acto más modesto en el puerto de Valparaíso (120 km al oeste de Santiago), donde frente a unas 5,000 a 10,000 personas reunidas señaló que había llegado la hora para la derecha en su país.
“Si un gobierno no es capaz de dar salud digna, educación con calidad y tratar con respeto a los adultos mayores, no merece gobernar más. Necesitamos alternancia en el poder para que entre aire fresco y la luz del sol que ilumine el país”, dijo Piñera, quien quiere convertirse en el primer candidato de la derecha en ganar una elección desde que lo logró Jorge Alessandri en 1958.
El comando del candidato opositor, por su parte, advirtió la tarde del viernes que es “imposible” adelantar quién ganará la elección del domingo, sobre la base de encuestas internas cuyos detalles no fueron revelados.
El jefe político de la campaña de Piñera, Joaquín Lavín, sostuvo que en esos estudios el empresario derechista aparece como vencedor en las regiones y la ex ministra del presidente Lagos obtiene mayoría de votos en Santiago.
“Y todo esto confluye a una situación de un empate, que hace imposible estadísticamente decir quién va a ganar el domingo”, señaló Lavín, hablando en rueda de prensa junto a otros dirigentes de la campaña del empresario.
La marcada desunión de las dos facciones opositoras le allanaría el camino a Bachelet y llevaría a la derecha a perder por cuarta vez consecutiva su opción de volver al poder desde 1990, cuando acabó la dictadura de 17 años de Pinochet.
“Mientras sea incapaz de encontrar una saludable combinación de buenas ideas, unidad y atractivo liderazgo, la derecha no podrá hacer ingreso por la vía democrática a La Moneda (sede del gobierno chileno)”, opina el analista Patricio Navia.
Sin embargo los analistas coinciden en que ya en esta elección la derecha comenzó a perder el lastre que significó Pinochet, cada vez menos protagonista en el espacio político chileno.
Una labor nada fácil espera a quien reemplace a Lagos el 11 de marzo, pues éste tiene, con casi seis años de gobierno, una popularidad inédita del 75%.
En una entrevista este viernes con el diario La Segunda, Piñera denunció lo que llama “la desvergonzada intervención del gobierno” en favor de Bachelet, y dijo que eso “le resta legitimidad a esta elección”.
Piñera señaló que “ha habido una intervención brutal utilizando el aparato del Estado y los recursos públicos” y eso es algo que “debilita las bases de la democracia e incluso pone una sombra de duda en la legitimidad de esta elección”.
Bachelet desdramatizó al respecto: “Voy a ganar sin necesidad de nada, sólo gracias al trabajo que hemos realizado. Los funcionarios públicos tienen el perfecto derecho de participar en aquello que les parezca, fuera de trabajo”, dijo sobre la denunciada presencia de empleados estatales en sus mítines.
¿REVANCHA FEMENINA?
Las chilenas, habitualmente conservadoras al momento de votar, se inclinan por la candidata socialista Michelle Bachelet , con la intención de tomar revancha en una sociedad claramente machista, opinan expertas.
Los más recientes sondeos lo muestran: la ex ministra Bachelet, que ironiza a veces sobre sus «pecados» — ser socialista, agnóstica y madre soltera — tiene un neto favoritismo en el electorado femenino.
«Hay muchas expectativas de que las cosas cambien con ella. La situación de las mujeres aquí no ha cambiado para nada y es por eso que la están eligiendo, para que cambie», dice a la AFP Marta Lagos, directora de la encuestadora Mori.
«Por eso es crucial que sea mujer por el tipo de liderazgo que tiene, que es muy femenino, no se mete con el establishment, no es autoritario ni jerárquico», agrega.
El recorrido de Bachelet -una pediatra que se especializó en estrategia militar antes de ocupar los ministerios de Salud y Defensa, al tiempo que educaba a sus tres hijos, entre ellos la joven Sofía de sólo 12 años- seduce a las electoras.
«Ella simboliza lo que le sucede a la gente que no está en el poder”, dice Lagos.
«Es vista como capaz, independiente económicamente, tuvo un padre a quien mataron, murió en la cárcel, ella estuvo presa, se fue al exilio, volvió, hizo un recorrido no muy distinto de otros que vivieron la represión. Es médica, es culta, sabe idiomas, simboliza la reconciliación del país pero no por decreto sino en la práctica, fue ministra de la Defensa… una mujer que pasó todo esto y que es capaz de levantar un proyecto-país representa el pasado y proyección en el futuro», dice Carmen Torres, directora del Instituto de la Mujer.