Aporte inteligente

Las empresas descubren en la educación un campo fértil para desarrollar sus objetivos de responsabilidad social Alberto Arellano SANTIAGO DE CHILE.- Por más de tres décadas, la minera canadiense Falconbridge debió lidiar contra las hostilidades de los vecinos de Bonao, una zona rural de República Dominicana. El clima de Guerra Fría que existía en 1950, […]

  • Las empresas descubren en la educación un campo fértil para desarrollar sus objetivos de responsabilidad social

Alberto Arellano

SANTIAGO DE CHILE.- Por más de tres décadas, la minera canadiense Falconbridge debió lidiar contra las hostilidades de los vecinos de Bonao, una zona rural de República Dominicana. El clima de Guerra Fría que existía en 1950, cuando comenzó la extracción y refinamiento de níquel en la zona, incentivó cotidianas protestas, huelgas y variadas muestras de resistencia contra sus operaciones. La multinacional era percibida como una encarnación del voraz apetito del poder imperialista del “Norte” que se extendía por el hemisferio occidental.

La oposición de la comunidad derivó en tensiones laborales que obligaron a sus ejecutivos a aplicar un tratamiento de shock: hacer millonarias donaciones a organizaciones sociales con el fin de mejorar sus relaciones con la comunidad y su imagen.

Sin embargo, el remedio resultó peor que la enfermedad. La gente de Bonao vio las donaciones casi como un intento de soborno, por lo que no dejó de protestar. Además, descubrieron que mientras más protestaban, el dinero de las donaciones aumentaba, por lo que las manifestaciones se transformaron en un jugoso negocio, que condujo a una espiral de donaciones. Tampoco bastaron los 1.5 millones de dólares destinados anualmente durante la década de los ochenta a campañas de responsabilidad social empresarial (RSE), para neutralizar los efectos de las campañas electorales, cuyos candidatos usaban a Falconbridge como bandera de lucha —el que está contra Falconbridge, está del lado del pueblo era el decir—, poniendo más fuego a un conflicto que alcanzó su clímax en 1989, cuando en medio de las usuales manifestaciones contra la empresa muriera un joven producto de un disparo de la Policía.

Sin embargo, hoy la empresa respira más tranquila. No fue la caída del Muro de Berlín lo que apaciguó los ánimos en Bonao, sino un reemplazo en su estrategia de RSE. Falconbridge se puso una meta distinta y de largo plazo: mejorar la educación y ampliar las oportunidades de los niños de aquella zona rural. “Cometimos el error de utilizar intermediarios para acercarnos a la comunidad, lo que impidió que se pudieran establecer relaciones directas con las personas”, dice Arelis Rodríguez, actual directora de la Fundación Falconbridge en Bonao. “Vimos que el mejor ámbito en el que podíamos apostar con una política sustentable y de largo plazo era en el tema de la educación”.

EL EMPRESARIO DOCENTE

No ha sido la única que llegó a esta conclusión. Muchas empresas, como Repsol YPF en Perú, Arcor en Argentina y CMPC en Chile, enfocaron sus proyectos de RSE en la educación durante los noventa pues tenían ante sus ojos el mismo penoso panorama que Falconbridge encontró en Bonao: salones de clases destruidos, alumnos poco entrenados, profesores desmotivados, ausentismo permanente, además de carencia de textos de estudio y material pedagógico. Lo bueno es que tienen ventajas para llenar los vacíos dejados por el sistema público.

“Las empresas pueden hacerlo mejor que el gobierno porque pueden hacer discriminación positiva”, dice Paulo Renato de Souza, ex Ministro de Educación de Brasil y destacado consultor en el área. “El gobierno no puede hacer diferencias en los aportes que dan en una escuela y otra, mientras los empresarios sí lo pueden hacer, teniendo así la posibilidad de ayudar más en la nivelación del sistema educacional”.

Las ganancias para las empresas no sólo vienen dadas en la forma de una mejor imagen, pues ellas mismas se benefician al desarrollar un capital humano más competente. “La inversión social privada en educación está directamente relacionada con la generación de una mayor competitividad en el contexto de economías globalizadas”, dice Hugo Vergara, coordinador ejecutivo de Forum Empresa, entidad que reúne a las principales organizaciones de RSE en la región. “Las empresas están asumiendo esto no ya como un acto de filantropía, sino dentro de la lógica de la gestión estratégica”.

Pero para que esto tenga sentido tanto para la comunidad como para la empresa, debe hacerse con una visión de largo plazo. “Toda ayuda en la educación es buena”, dice Marcela Gallardo, coordinadora del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (PREAL). “Pero hay casos en los que muchas de las inversiones de capital privado en temas públicos, como el de la educación, se pierden, pues responden a estrategias de corto alcance”.

RESULTADOS A LA VISTA

Eso es lo que ha intentado evitar Falconbridge desde que inició el Programa de Apadrinamiento de Escuelas en 1989. El programa comenzó con el aporte de infraestructura —baños, pintura, sistema eléctrico, jardines— a escuelas de escasos recursos. Una vez reparado el establecimiento, procedieron a dotarlas de mobiliario —butacas, pizarras, escritorios para los maestros, bibliotecas, laboratorios— con el fin de crear un ambiente que estimulara el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Una vez terminada la reconstrucción de las escuelas, vino la capacitación no tan sólo de directivos, maestros y alumnos, sino también de los padres de estos, entendiendo que el proceso de educación no terminaba en la escuela y que estos eran los primeros responsables de la educación de sus hijos. Hacia ellos se dirigió una serie de cursos de alfabetización y entrenamiento laboral, para los que se contratan profesionales especialistas —incluso del extranjero— para temas como Planificación Educativa o Desarrollo de las Destrezas del Pensamiento. En total, son 24 cursos, con un total de 202 horas.

El Programa de Apadrinamiento, con un presupuesto anual de 370 mil dólares, hoy atiende a 121 colegios, alcanza a 75,573 estudiantes y a 2,025 maestros. La inversión desembolsada desde su creación alcanza los nueve millones de dólares. Los resultados se perciben: “Las escuelas tienen otra apariencia… Ahora los muchachos se insertan mejor en la sociedad, con una nueva visión y con mayor participación”, reconoce Ana Jacinta Alejo, directora de la Escuela Liranzo Batista, de Monseñor Nouel, una de las apadrinadas. “Sin el programa me los imagino menos competentes y con una autoestima baja”.

No son sólo palabras. Un estudio en terreno realizado por los expertos en educación Juan José Placencia y Felicia Polanco, sobre los efectos de los programas de apadrinamiento en la provincia de Nouel, donde se encuentra Bonao, llegó a varias conclusiones en 1999. Según el estudio, el 99 por ciento de las escuelas apadrinadas lucen limpias, mientras que el 43 por ciento de las no apadrinadas están sucias. Una diferencia que también se mantiene en la relación entre maestro y alumnos: mientras el ciento por ciento de los estudiantes de escuelas apadrinadas dice que recibe buen trato de sus profesores, en las no apadrinadas el 61 por ciento dice que recibe un mal trato.

Además todas las apadrinadas cuentan con bibliotecas, cuando el 51 por ciento de las restantes no tiene. Y mientras que un 82 por ciento de los alumnos de las apadrinadas piensa que la infraestructura de su colegio está en muy buenas condiciones, el 71 por ciento de los estudiantes de las sin padrinos señalan que las condiciones físicas de su establecimiento son malas.

Las diferencias no sólo son percibidas por los alumnos. Los ejecutivos de Falconbridge han visto disminuir las manifestaciones de violencia contra la empresa, algo que la misma United States Agency for International Development (USAID) constató, tras investigar el caso en 2001 y señalarlo como un ejemplo. Y a pesar de que Bonao sigue siendo una “zona caliente” y foco de constantes protestas y reivindicaciones sociales —en el que muchos siguen viendo a la empresa con recelo—, hoy los equipos de la compañía encargados de evaluar el Programa de Apadrinamiento viajan libremente a través de la provincia de Monseñor Nouel junto a ejecutivos de Falconbridge y son recibidos amistosamente en todas partes.

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