- Esta vez no se vieron grupos promoviendo la limpieza en las playas como en Semana Santa
Octavio Enrí[email protected]
En el primer día del 2006, los bañistas de Pochomil y Masachapa se disputaron el espacio de estas playas con cuadraciclos, vehículos y caballos para los que no hubo un control de las autoridades. Tampoco hubo un esfuerzo para evitar que se ensuciaran las costas.
Dulce María Fuertes, quien andaba ayer en Pochomil, consideró que lo mejor es que los cuadraciclos anduviesen en la costa y los caballos tuviesen otra ruta para evitar accidentes.
A las 10:00 de la mañana, unos cinco cuadraciclos competían en la playa, pese a que en ella había muchachos jugando futbol, beisbol, mientras otros simplemente “enterraban” a sus parientes en la arena.
Carlos Padilla, cajero de un banco capitalino, dijo que él tuvo que estar pendiente de su cuñado, un niño que jugaba con él, quien siguiendo un balón casi se lo pasa llevando un cuadraciclo.
Andrés Humberto Zapata era uno de quienes los alquilaba y aseguró que los cuadraciclos no circulaban donde estaban los bañistas, pese a que minutos antes se les había visto pasear libremente a un costo de 200 córdobas la hora y 20 córdobas la vuelta. En el caso de los caballos, el alquiler de la bestia costaba 25 córdobas la media hora.
MUCHA BASURA
La basura fue algo evidente para cualquier visitante de estos balnearios. Cada paso que se daba en Pochomil o Masachapa, el balneario vecino, se podían ver vasos plásticos y platos desechables, empaques de papitas y cáscaras de frutas consumidas por la población como bananos y naranjas.
“Está bien descuidada la playa. Para Semana Santa había gente que recogía la basura. Ellos andaban vestidos de verde. Sería necesario que colaboren. De pronto uno se está bañando y podés creer que te picó algo e incluso te podés cortar”, se quejó Carlos Padilla.
POCOS AHOGADOS
Hasta las 2:00 de la tarde no había ahogados en ninguno de estos balnearios, a pesar de la ausencia marcada de socorristas de la Cruz Roja Nicaragüense que en los días previos a Navidad anunció que no brindaría cobertura por falta de presupuesto.
En la tarde la única alarma la había dado una radio capitalina que anunció que alguien se había ahogado, pero los policías confirmaron que se trató de una mentira.
Así que las mayores quejas de la población eran para evitar la circulación de los cuadraciclos y por la falta de acceso a las playas que se las tomaron varios comerciantes que ponían como condición a los pobladores cuidarles sus vehículos a cambio de ser atendidos en sus restaurantes, además de otros que no dejaban simplemente pasar a la gente.
“Eso de negarle el acceso a la gente en las costas debería ser prohibido. Las costas no son privadas son públicas. Tiene razón la gente de quejarse. Vamos a revisar esas cosas”, prometió el capitán Álvaro Pérez, segundo jefe de la Policía en San Rafael.
En el sector cercano de La Presa, ubicada entre Pochomil y Masachapa, los niños escalaban la construcción y luego se dejaban caer al ritmo del agua que contentaba a cuantos llegaron a ese sitio, a excepción de las mujeres que cocinaban para la familia como una morena que frió pescado mientras sus parientes le decían que posara para una foto.
Quienes no estaban en esa situación hacían mímicas, abrazaban a su pareja y enseñaban sus músculos, mientras otros niños y muchachas se dejaban llevar por el frescor del agua.