A mis hijos: Leí que uno no puede domar el mar, te adaptas a él. Pienso lo mismo referente a la muerte cuando ésta sucede y por los que quedamos acá, uno no doma a la muerte se adapta a ella. Es de valientes aceptar la vida con la conciencia de la muerte, enfrentar y aceptar el miedo a lo que tememos responder a los hijos a nosotros mismos: todos morimos.
Podemos aprovechar entonces el tiempo en querernos y disfrutar la vida. La conciencia como seres vivos nos permite tener la opción mientras morimos de: vivir.
Nos hará falta el abuelito, el doctor Luis Santiago Palacios Ruiz, pero a todos y a todas nos heredó en el corazón amor. ¿Qué más pedirle? Hay que darle gracias a Dios porque nos lo dio. Gracias, fue el mejor regalo de todas las navidades. Y más esta Navidad que a partir de ahora estará viviendo más cerca, dentro de todos, en nuestros corazones dándonos fuerzas para continuar viviendo.
Regina Caldera Palacios