- El doctor Krasner, director de Planificación de Políticas del Departamento de Estado de EE.UU., insiste en que haya elecciones limpias en Nicaragua y que todos los candidatos puedan correr
Alberto L. Alemán [email protected]
Con un doctorado en Ciencias Políticas de Harvard y con experiencia de enseñanza en Stanford, otra de las universidades de la Ivy League, el grupo más selecto de las universidades estadounidenses, Stephen Krasner está ahora en la diplomacia.
Desde febrero pasado, se desempeña en el cargo de director de Planificación de Políticas del Departamento de Estado.
Estuvo en Nicaragua la semana pasada. Su agenda fue estrecha, llena de encuentros con funcionarios nicaragüenses.
En una entrevista con LA PRENSA, reiteró las expectativas de Washington de que en Nicaragua haya elecciones limpias en 2006 y que no haya inhibiciones de candidatos.
Nuestra conversación hizo un repaso de varios temas de la situación internacional.
Con respecto a Venezuela, Krasner dijo que “sería muy difícil” componer las relaciones con el presidente Hugo Chávez, si éste continúa con sus políticas. A la vez, desestimó que la importación del petróleo venezolano —13 por ciento de las necesidades de EE.UU.— tenga una verdadera influencia en la posturas de la Administración de George W. Bush.
Para Brasil tuvo varios elogios y destacó su papel de “socio regional efectivo” y responsable.
Al final, ante una pregunta formula de una manera distinta aquel pensamiento estadounidense: “Si es bueno para EE.UU., es bueno para el mundo”.
En el número de julio-agosto de la prestigiosa revista de temas internacionales Foreign Affairs, publicó con otro colega un artículo sobre los Estados fracasados —como Haití, Sudán, Somalia o Liberia—, titulado “Adressing state failure”.
He leído su artículo en la revista Foreign Affairs sobre los Estados fracasados. ¿Es Nicaragua un Estado fracasado?
No, en absoluto. Cuando pensábamos en el artículo (mi coautor Carlos Pascual y yo), pensábamos en países que venían realmente de una situación post-conflicto en un ambiente contemporáneo; como Haití, Sudán, serían un ejemplo; Liberia sería un ejemplo de un país donde un conflicto acaba de terminar y se tiene que pensar en reconstruir instituciones políticas.
Nicaragua tiene un largo período de gobierno democrático, una transición democrática, a pesar de tener conflictos en los años 90. Ustedes tendrán pronto una elección que será la cuarta elección democrática en fila. Del todo no podríamos pensar en un Estado fracasado.
Para usted como experto en relaciones internacionales, ¿es Nicaragua un Estado-nación en el sentido clásico?
Creo que Nicaragua tiene el desafío que muchos estados tienen, el cual es cómo fortalecer las instituciones, si se piensa en la democracia que es algo en lo que Estados Unidos está enfocado. Pero diría que hay una oportunidad realmente a nivel global, de promover la democracia de una manera que no ha sido probada en el pasado.
Tenemos elecciones, y estamos ansiosos de que las elecciones sean libres y justas, que todos los candidatos legítimos tengan la oportunidad de correr, que haya observación electoral, que es algo que absolutamente jugará un papel (importante) a los ojos de la comunidad internacional.
Pero bien, el asunto es cómo construir instituciones de la democracia liberal, el imperio de la ley, una justicia independiente, una prensa libre… En ese sentido, la situación de Nicaragua no es única; es decir, cada país es único en cierto sentido, los problemas son distintos y la historia es distinta. Pero en muchos países, lo que estamos tratando de hacer es ayudar a (esos) que quieren profundizar sus instituciones democráticas y liberales.
La idea de un Estado-nación funcionando de una manera perfecta…. no ha habido muchos países en la historia que funcionan así.
¿Cuáles obstáculos principales ve usted en la construcción de una buena gobernabilidad en Nicaragua? Tenemos instituciones controladas por dos partidos, dos líderes.
Creo que es cierto si se ve la situación de Nicaragua —no pretendo aquí ser un experto—, que muchas instituciones públicas parecen estar politizadas, antes que operar de una manera objetiva.
Creo que tenemos que recordar que construir la democracia toma mucho tiempo, no es algo que pasa instantáneamente.
Si se mira la historia de Estados Unidos, a los primeros artículos de la Confederación en 1781, incluso luego de la Constitución, el asunto fundamental de la esclavitud no fue abordado; tuvimos una guerra civil (1861-1865).
Las relaciones entre los poderes del Estado americano no estaban bien definidas en la Constitución, sino que se trabajaron con el tiempo.
El principio básico de que la Corte Suprema podía revisar los principios básicos de la Constitución, no está inscrito en ella, sino que emergió tras una serie de decisiones tomadas en las primeras décadas del siglo XIX cuando (John) Marshall (1755-1835) fue el presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos.
No pienso que haya una fórmula para hacer esto (crear la democracia), y los nicaragüenses tendrán que hallar su propia respuesta a este problema.
Decía usted en su artículo, que en la falta de gobernabilidad, la inestabilidad en determinados países, amenazan la seguridad global y favorecen a los terroristas. ¿Qué piensa de la posibilidad que extremistas islámicos usen Centroamérica como una plataforma para atentar contra EE.UU.? Hace unos meses denunciaba Honduras que un integrante de una célula de Al Qaeda había pasado por la región…
Como todo lo que tiene que ver con el terrorismo transnacional y el radicalismo islámico, el problema es básicamente éste: hay otra situación en la cual (hay un elemento como) una ideología islámica radical milenaria. Una situación en la que hay una mala o una represiva gobernabilidad en muchas partes, especialmente en el Oriente Medio, no es realmente en toda la extensión del mundo islámico.
Y tienes el acceso a armas de destrucción masiva: químicas, biológicas y posiblemente nucleares.
El problema es que estamos en una situación ahora en la que una organización del terrorismo transnacional podría, para no decir que lo haría, asegurarse armas biológicas o incluso, no armas nucleares (pero sí) material nuclear (e introducirlo) a Estados Unidos o a otra parte, donde sería algo en extremo costoso en términos de cientos de miles de vidas o quizás millones.
Históricamente, esa es una situación sin precedentes en la cual un grupo transnacional relativamente débil, sin necesariamente grandes cantidades de miembros o de dinero, podría devastar a los países más poderosos.
La pregunta hasta dónde puede ser Centroamérica una posible amenaza del mismo modo que muchas otras rutas posibles.
Centroamérica representa una gran fuente de migración ilegal a través de la frontera de EE.UU., hay bandas criminales operando aquí, mucho narcotráfico; desde todas las perspectivas, EE.UU. está ansioso de tener socios confiables con los cuales trabajar efectivamente en Centroamérica y México.
Vayamos a Haití. ¿Qué es lo que hay que hacer ahora?
Haití es un tremendo desafío. Ha tenido problemas de gobernabilidad por un tiempo muy prolongado.
Como un primer paso, esperamos que tengamos elecciones razonablemente decentes en Haití en el futuro inmediato, creo que serán en enero, no estoy seguro. Pienso que Haití deberá tener por un tiempo largo el continuo involucramiento de la comunidad internacional, no hay alternativa, creo (…) No hay una respuesta mágica para Haití.
¿Cómo aprecia el papel de Brasil en Haití? ¿lo ven ustedes como un socio importante en el manejo de estas crisis, al menos en el hemisferio occidental? En Haití jugó un importante rol.
Claro que sí. Algo de lo que estamos muy deseosos es hallar socios efectivos, especialmente socios regionales; (Brasil) es un gran Estado democrático multiétnico, es un socio muy atractivo para Estados Unidos. En Haití trabajamos a través de las Naciones Unidas; en Sudán trabajamos con la Organización de la Unidad Africana (el equivalente de la OEA en África), proveímos apoyo para varios miles de tropas africanas.
Es muy crítico en el medio (internacional) en el que operamos, que podamos trabajar con socios regionales efectivos.
Pero, ¿cuál es de un modo más amplio la visión de la relación con Brasil fuera de esas crisis, en el hemisferio occidental?
Creo que Brasil es grande, democrático, multiétnico. Nosotros queremos básicamente que Brasil tenga éxito. Queremos que Brasil continúe construyendo sus instituciones democráticas, que tenga un rápido desarrollo económico, que sea un socio efectivo. Es un socio muy importante para nosotros en Latinoamérica.
¿Cómo ve EE.UU. la creciente inversión de China en Latinoamérica?
La inversión china en Latinoamérica es realmente muy pequeña, comparada con la de EE.UU. y otros inversionistas. Pero fundamentalmente, queremos que China sea un accionista responsable en la economía mundial, que invierta de una manera que fomente las reglas internacionales. Queremos que China actúe en la economía global como una economía de mercado.
Escuché que usted trabaja cerca de la subsecretaria Karen Hughes —persona de absoluta confianza de George W. Bush, su ex asesora de imagen y estrategia—, a quien se le encomendó trabajar para mejorar la imagen de Estados Unidos, dañada por la guerra en Irak, pero no me pudieron confirmar aquí en la embajada. De todos modos, ¿cómo piensan reparar esa imagen en el mundo?
No trabajo en su oficina, interactúo frecuentemente con ella, pero no trabajo cerca de Karen.
Creo que lo que necesitamos hacer y creo que Karen Hughes comparte esa perspectiva, es que necesitamos demostrar a la gente (en el mundo) que lo que hacemos es en su interés, que no es solamente en nuestro interés.
No es un asunto de cambiar mágicamente las actitudes básicas de las personas hacia Estados Unidos, pero creo que lo que tenemos que hacer en transmitir más efectivamente que las políticas de EE.UU. no son diseñadas para promover y proteger los intereses de EE.UU. sino que son en el interés de la prosperidad global y la democracia para todos.
Imaginémonos un atentado en Tokio, Los Ángeles o Berlín. El impacto en la economía mundial sería muy serio, y todo mundo sufriría por ello, incluso Nicaragua.
ACADÉMICO Y DIPLOMÁTICO
Stephen Krasner fue nombrado director de Planificación de Políticas del Departamento de Estado, en febrero de este año, por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
Krasner se licenció en Historia en la Universidad de Cornell, hizo una maestría en Estudios Internacionales en Columbia University, y luego obtuvo su doctorado en Ciencias Políticas en Harvard.
Ha sido profesor en la Universidad de Stanford, donde fungió como Decano de Ciencias Políticas (Rice fue Rectora de Stanford). También enseñó en Harvard y en la UCLA.
Su trabajo académico se ha centrado en la soberanía de los estados, la política exterior estadounidense y los factores políticos en las relaciones económicas internacionales.
Trabajó para el Departamento de Estado en 2002 en planificación y también en el Consejo de Seguridad Nacional, donde estuvo relacionado a la Cuenta del Milenio.
Tiene varios libros y publicaciones de artículos especializados en su cuenta. En Foreign Affairs, publicó con otro colega un artículo sobre los Estados fracasados, en julio pasado.
LA RELACIÓN CON CHAVÉZ
—¿Cree usted que es posible una mejoría de las relaciones con Venezuela, con Hugo Chávez?
—Creo que sería muy difícil. Hubo elecciones en Venezuela, Chávez ha escogido gobernar de un modo no democrático; (es) un caudillo en el estilo tradicional latinoamericano, más que otra cosa a pesar de los asuntos ideológicos. Sería muy escéptico, diría que si Chávez adopta otro tipo de políticas, sería ciertamente posible para EE.UU. trabajar con él.
Creo que es poco probable que Chávez lo haga (…) Chávez tampoco ha sido muy maravilloso para el pueblo venezolano, y lo que él hace internacionalmente, depende mucho de los precios del petróleo, y si esos precios caen, Chávez estaría en una situación muy diferente.
— ¿No debilita la posición de EE.UU. con respecto a Chávez el hecho de que Venezuela provee el 13 por ciento de sus necesidades de petróleo?
— No. El petróleo es un mercado global. El asunto de verdad es cuán altos serán los precios. No importa de dónde obtengas el petróleo. Hay muchas fuentes de aprovisionamiento (…) Creo que es una falacia ordinaria ver a tu relación con suplidores específicos (de ese modo), es un mercado global, lo que cuenta es el precio global, no importa que sea el 13, el 25 o el 5 por ciento. No creo que esto esté jugando un papel específico en nuestra relación con Chávez.