- En la reciente reunión de Hong Kong de la OMC, Brasil emergió como uno de los líderes indiscutibles del mundo en desarrollo
Ana FernándezHONG KONG/AFP
Tras seis días de intensas negociaciones, Brasil emergió de la VI conferencia ministerial de la OMC en Hong Kong como un actor ineludible en el concierto de las relaciones mundiales, al plantar cara, con el apoyo del mundo en desarrollo al completo a las grandes potencias industriales.
El canciller brasileño, Celso Amorim, fue, junto al ministro indio de Comercio, Kamal Nath, la estrella indiscutible de esta reunión, cuyo logro fundamental ha sido la articulación de los países en desarrollo.
Amorim agrupó en 2003 el G20, que reúne a los países emergentes, para preparar lo que se ha convertido en una estrategia decisiva en estas difíciles negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para acabar con las «prácticas depredadoras de los países ricos que nos privan de los beneficios de nuestra competividad”, es decir, los subsidios y aranceles.
La alianza perfeccionada en Hong Kong, es una pieza del pensamiento del actual presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, fraguada a lo largo de su incansable actividad diplomática por el mundo desde que llegó al poder en enero del 2003 para situar a Brasil en un lugar privilegiado en la actual geoeconomía mundial.
“No queremos un Brasil cerrado en sí mismo, inmune a los vientos del progreso y de la competición”, advirtió Amorim el día que tomó las riendas de la Cancillería.
El gobierno brasileño ha impulsado una política de círculos: de dentro a fuera aparece Mercosur, la Comunidad Sudamericana de Naciones (diciembre 2004), la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), una alianza con los pesos pesados del mundo en desarrollo como India, China, Sudáfrica y Rusia y más recientemente con el mundo árabe.
Su diplomacia activa no dio resultados en la reforma del Consejo de Seguridad, donde aspiraba a un sillón permanente, pero empieza a dar sus frutos en las negociaciones de la OMC para conseguir un buen acuerdo y hacer que la Ronda de Doha se convierta en una verdadera Ronda de Desarrollo.
En Hong Kong, este objetivo ha funcionado a la perfección. Pese a su variedad, en estas negociaciones de la Ronda de Doha, lanzada en Qatar en 2001, tanto emergentes como los más pobres han combatido con una sola voz las prácticas proteccionistas que perjudican al desarrollo de sus economías.
Con cerca del 80% de la población mundial, estos países son los que más crecen y los que más materias primas producen y consumen, incluido el petróleo, y se han vuelto imprescindibles para solventar los desequilibrios de la economía mundial.
Europa ha aceptado poner fecha, para el 2013, para el fin de las subvenciones a las exportaciones de productos agrícolas, aunque para el 2010 se habrá desmantelado “una parte sustancial” de las mismas, y los países industrializados eliminarán los aranceles y cuotas para el 97% de los productos de los países menos adelantados (PMA) a partir del 2008.
DEL DÉFICIT AL SUPERÁVIT
Con unos indicadores económicos positivos, basta echar un vistazo a la balanza comercial de Brasil para percibir la importancia del comercio en la economía.
El déficit de casi mil millones de dólares registrado en 2000, se ha transformado en un superávit de más de 40,000 millones en lo que va de año, gracias a una gran diversificación de destinos y de productos, no sólo agrícolas.
“Esta nueva multipolaridad es importante porque sin ella, la noción de un sistema de comercio ‘multilateral’, representado por la OMC, sería una ficción”, señalaba Amorim en un artículo titulado “La nueva dinámica en el comercio mundial es multipolar”, publicado en agosto del 2004 en el Financial Times.
Su objetivo es combatir la idea de que “las únicas bases para un acuerdo serían un pacto precocinado entre los dos mayores socios comerciales” del planeta: Estados Unidos y la Unión Europea.
«MODESTO PERO…»
Los resultados de la reunión de Hong Kong de la Organización Mundial de Comercio, si bien son “modestos pero no (son ) insignificantes”, como los ha definido el canciller brasileño Celso Amorim, suponen una victoria considerable del mundo en desarrollo.