Éste es uno de los sitios que era afectado por la delincuencia y pandilleros donde ahora la ciudadanía transita con tranquilidad.

Milagro de Dios deja de ser un infierrno

La tranquilidad ha llegado hasta los habitantes del barrio Milagro de Dios, que hasta hace pocos meses eran rehenes de la delincuencia. Hoy disfrutan de más seguridad luego que los vecinos decidieron organizar un Comité de Prevención del Delito que logró la instalación de un puesto policial en el barrio Elízabeth [email protected] Las calles del […]

  • La tranquilidad ha llegado hasta los habitantes del barrio Milagro de Dios, que hasta hace pocos meses eran rehenes de la delincuencia. Hoy disfrutan de más seguridad luego que los vecinos decidieron organizar un Comité de Prevención del Delito que logró la instalación de un puesto policial en el barrio

Elízabeth [email protected]

Las calles del barrio Milagro de Dios siguen intransitables por las charcas que forman las aguas servidas y la falta de una pala mecánica que las repare, pero al menos han dejado de ser escenario de asaltos y pleitos entre pandillas. Esto, junto a la falta de agua potable, era una de las principales preocupaciones de los lugareños.

“Uno duerme un poquito mejor”, afirma Mayra Isabel González, de 25 años, dueña de una pulpería del lugar, cuya casa está ubicada en una de las principales calles del sector, en la que hasta hace unos meses habían constantes enfrentamientos entre las pandillas de abajo y los de arriba.

Los enfrentamientos se daban entre los grupos conocidos como “Los Tachuelas” que se peleaban con los integrantes de “Los Sucios” o de “La Rampla”, quienes a su vez se luchaban a pedradas, a morterazos y hasta con armas hechizas con los de “Las Jagüitas”, que de vez en cuando incursionaban al lugar.

Hace un año, más o menos, recuerda Guillermo Antonio Jarquín Aguirre, de 50 años, incursionaron los pandilleros de “Las Jagüitas” y se enfrentaron con uno de los grupos del barrio. Debido a que su casita está ubicada sobre la calle donde huyeron, la pandilla rival pensó que colaboraba con sus enemigos y agarraron a machetazos la casita de madera de Jarquín.

“Pensaba que escondía a alguien”, señala uno de sus amigos.

Pero hay más, según vecinos y vendedores ambulantes, aquéllos que identifican como “vagos”, en cuestiones de minutos podían dejar desnudo a cualquier ciudadano y al momento de robar no les importaba que el botín se tratara del biberón o de los pañales de un bebé. Arrebataban cualquier objeto que una persona cargara al transitar por alguna de las calles del lugar.

“Ni quiera Dios, aquí uno no podía entrar, ni los vende melcochas se capeaban”, manifestó Pedro Manuel López Sosa, vendedor de productos plásticos.

Mientras su acompañante María Inés Aguirre, de 43 años, señala que conoció el caso de una señora a quien en dos ocasiones los ladrones la despojaron hasta de la panita de pozol que había salido a vender.

DESPERTADOS POR GRITOS Y CARRERAS

Hasta hace unos meses los pobladores prácticamente no dormían. A medianoche eran despertados por el ladrido de los perros, carreras y gritos. “¡Correte! Ahí va, ahí va…”, recuerda Gonzalo Centeno que eran frases muy comunes que escuchaba por las noches o madrugadas desde el interior de su vivienda.

“Eso era a diario… y oyendo que tal vez estaban violando a una mujer, pero no se podía ni salir…”, comenta Centeno, quien hoy es el vicecoordinador del Comité de Prevención del Delito en el Milagro de Dios.

El barrio, ubicado en la frontera entre el Distrito Cinco y el Distrito Seis, es uno de los 136 barrios del Distrito Cinco. Habitan unas 1,400 familias, que cansadas de la situación decidieron organizarse. Pese a que lo hicieron desde hace unos dos años, hasta el pasado mes sus sueños de paz y tranquilidad se vieron realizados cuando junto a las autoridades policiales y gobiernos amigos, lograron instalar una unidad preventiva policial.

ERA TIERRA DE NADIE

Una de las pulperas del lugar, quien prefirió omitir su nombre, calificó el puesto policial recién inaugurado, “como una bendición de Dios”, pues recuerda que hasta hace unos pocos meses los camiones distribuidores no ingresaban al barrio por temor a los asaltos, por lo tanto los habitantes del sector tenían que viajar a los mercados capitalinos y para llevar sus productos tenían que pagar taxis expresos, lo que encarecía el producto que vendían.

“Los conductores entraban con temor”, señala Alejandra Lisbeth Centeno, dueña de otra pulpería en el barrio.

Esta situación la vivió el vendedor de huevos, Chéster Pérez Silva, quien relató que hace un año aproximadamente, los ladrones lo hirieron con su propia arma de fuego de la cual lo despojaron para robarle el producto.

“Había mucha inseguridad… era tierra de nadie, la delincuencia andaba libre. La Policía venía y los ladrones se corrían. Ahora con un puesto policial hay seguridad casi absoluta”, apunta Pérez.

La unidad está equipada con un radiocomunicador que permite coordinar actividades con el Distrito Cinco de la Policía.

POLICÍA Y COMUNIDAD UNIDOS

Para el proyecto del puesto policial, el comité contó con el apoyo de la comunidad deseosa de respirar un poco de tranquilidad en sus hogares. Gonzalo Centeno recuerda que empezaron con ventas de comidas, rifas y empezaron a solicitar donativos, hasta que el Gobierno de Taiwán y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) les apoyaron.

“Nosotros vimos la necesidad de tener una unidad preventiva para ayuda de la comunidad, fue una idea que vino de nosotros, que queríamos ver a los niños jugar, los diciembre queríamos hacer piñatas, pero no nos dejaban salir adelante las dos pandillas”, recuerda Centeno.

Los grupos de pandillas se enfrentaban hasta con armas hechizas y morteros. Por ello los pobladores se aproximaron a la Policía Nacional para ver qué podían hacer y surgió la idea de la Unidad Preventiva.

La unidad está dotada incluso de una pequeña celda para encerrar temporalmente a los detenidos, quienes después son trasladados al Distrito Cinco de la Policía. Cuentan con un cuarto para que descansen los uniformados de turno.

La labor desarrollada por el Comité de Prevención junto a la Policía, dice Centeno, les ha permitido alcanzar la paz entre pandilleros. El conocido Santa Claus nica, Víctor Rosales, también les apoyó con balones para que integraran a estos jóvenes a grupos deportivos.

BEODOS SIGUEN DANDO PROBLEMAS

Ahora los que han quedado son los bebedores consuetudinarios, que representan un problema, pues su adicción muchas veces los lleva a delinquir.

Otro problema que enfrentan es el de un joven señalado de cometer todo tipo de delitos, quien ha sido detenido en varias ocasiones, según Centeno, pero utiliza las influencias de una tía que es policía para lograr su libertad. El problema ha sido planteado al jefe del Distrito Cinco, comisionado Javier Obando y esperan una respuesta pronta.

Ahora la meta de los vecinos es contener la violencia intrafamiliar, que es muy frecuente en esa zona. Mencionan casos de mujeres que son maltratadas por sus cónyuges, hijos que golpean a sus madres, adultos que conviven maritalmente con menores, entre otros.

El puesto policial fue inaugurado el 7 de noviembre y según el jefe del Distrito Cinco, comisionado Javier Obando, los delitos han pasado de 42 casos mensuales a nueve que reportan las autoridades del puesto policial desde que fue instalado.

El uniformado coincide con Centeno, en que los delitos más frecuentes han dejado de ser los robos con intimidación, los que han sido reemplazados por los casos de violencia intrafamiliar. Aunque dejó abierta la posibilidad de que se incrementen las denuncias.

“No nos asustemos si hay más denuncias, en ese sentido a lo mejor es que la gente no quería denunciar, o sea la cifra oscura, hay gente que le cometen el delito y no lo denuncian, esa es la ventaja del Comité de Prevención del Delito”, sostuvo Obando.

SERVICIO COMPLETO

Una ventaja de ese puesto policial es que en el mismo sitio reciben la denuncia. “Tendrá que irse acostumbrando la población a acercarse más allí, ese es su servicio”, dijo Obando.

El jefe policial dijo que en el lugar cuentan con 14 policías voluntarios y seis agentes permanentes del Distrito Cinco. El jefe policial considera esto como una inversión, pues a “mayor presencia, mayor prevención, mayor seguridad”.

Aunque para esa unidad han asignado una motocicleta para movilización en caso de emergencia, los policías realizan una constante vigilancia a pie.

Obando reconoció que antes de instalar el puesto policial enfrentaban las críticas de la población debido al servicio tardío que les prestaban, pues tenían que cubrir hechos en lugares distantes, además realizar sus recorridos por calles deterioradas. A esto se sumaban los problemas de falta de luminarias que han coordinado con las respectivas instituciones para solucionarlos.

LOS TEMIBLES

Entre los apodos de los conocidos delincuentes están: “El Chele Gato”, “El Macaco”, “Cara de Vieja”, “Toño Enchilada”, “Toño Nariz”, “La Pantera”, “El Sapo”, entre otros.

Entre los sitios más peligrosos destacaban: la terminal de buses de la ruta 85, la vuelta de El Manchado, El Horno y en las inmediaciones de la parada de El Jobo.

MENOS INSEGUROS

“Estamos acercando el servicio a la comunidad, es decir la población siente en sus zapatos esa seguridad que antes era un problema, el Milagro de Dios la gente no lo miraba como un milagro, sino que como un infierno”, comenta jocosamente el jefe del Distrito Cinco, comisionado Javier Obando.

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