- Sin consensos básicos, las elecciones no arreglarán los problemas de Bolivia, el país más pobre de América del Sur
“A un ritmo moderado hasta que terminen las elecciones presidenciales”. Así describió el estadounidense Dennis Wheler el estado de avance de la construcción de una mina de plata llamada San Bartolomé que su multinacional minera, Coeur d’Alene, espera construir en Potosí, en el sur de Bolivia. “Seguimos apuntando a que las operaciones de San Bartolomé comenzarán en algún momento de 2007 suponiendo un favorable resultado político”, continuó.
El estado de espera que describe Wheler y su inversión estimada en US$135 millones es similar al de la gran mayoría de quienes tienen intereses en Bolivia. La inversión extranjera requiere escenarios más claros para reducir la incertidumbre y poder calcular los retornos esperados de cada apuesta.
Sin embargo, lo más probable es que la certidumbre esperada no llegue tampoco con las elecciones, sino que deba esperar mucho más. Y es que el más pobre de los países sudamericanos no encuentra la manera de llegar a los acuerdos básicos que permitan que los futuros gobiernos no terminen como los de Gonzalo Sánchez de Losada (quien renunció en 2003) o Carlos Mesa (renunciado a mediados de 2005).
Un ejemplo de esto es la misma elección presidencial que elegirá al sucesor de Eduardo Rodríguez, el juez que debió asumir como sucesor interino de Carlos Mesa: las diferencias entre los bandos en competencia impidieron incluso en un primer momento acordar la fecha adecuada para la elección. Al cierre de esta edición, aunque ya se había definido el 18 de diciembre para su realización, aún quedaban sin definir muchos detalles importantes sobre las elecciones parlamentarias.
Más allá del resultado, el escenario político que se abrirá con la próxima elección seguirá estando marcado por la incertidumbre. Aunque son ocho los candidatos a presidente, son sólo tres los que tienen chances reales de ser elegidos: el ex presidente Jorge Quiroga, el líder cocalero Evo Morales y el empresario cementero Samuel Doria Molina. Pese a que ninguno es una figura política nueva, los tres representan la descomposición del sistema partidista tradicional de Bolivia. Los movimientos sociales que apoyan a cada uno de ellos —el Podemos, en caso de Quiroga; el MAS, con Morales y el UN, en caso de Doria— son una suma de movimientos y organizaciones articulados justamente en torno a los candidatos con el objetivo de aumentar votos, pero sin ninguna consistencia programática.
La agencia Fitch Ratings calificó con una B- a la deuda soberana de Bolivia en respuesta a los eventos políticos y sociales de mediados de año. Esos conflictos son los que hacen peligrar las proyecciones económicas de mediano plazo y podrían tener implicancias negativas para la reducción de la pobreza y el sustento de la deuda. A pesar de que las cifras macroeconómicas bolivianas han mostrado una recuperación, la situación política no permite creer que eso pueda mantenerse a mediano plazo.