Danilo Arbilla *
Los próximos 30 días, hasta el 15 de enero, serán intensos en Chile.
La carrera por la Presidencia, en su segunda vuelta, nos mostrará, ya nos muestra, una confrontación dura y hasta algo sucia, que puede acentuarse desde aquí a allá.
El domingo 11 hubo favoritos y sorpresas. Michele Bachelet, candidata oficialista de la Concertación Democrática (CD) triunfó con el 45.9% de los votos, pero no pudo evitar el balotaje, ni llego al 48% de Ricardo Lagos, en 1999, que luego le ganó a Joaquín Lavín por poco más de 2 puntos.
Enfrente estará Sebastián Piñera, (Renovación Nacional- RN-centro derecha ) que con el 25.4% superó a Lavín (23.2%) de la UDI (Unión Demócrata Independiente derecha), su socio en la Alianza por Chile y ya designado como su jefe de campaña para esta segunda instancia.
En las legislativas a la CD de socialistas y demócratacristianos le fue mejor. Consiguió el 51.7% que le asegura la mayoría en ambas cámaras: 20 senadores en 38 y 65 diputados en 120. De esos, 14 y 44 serán de los socialistas y la diferencia de la DC. Este resultado se interpreta como un plebiscito y a la vez el premio para la gestión del presidente Lagos, que cuenta al final de su mandato con el 71% de opinión a favor.
Ese prestigio y peso de Lagos, quien no fue ajeno a la campaña electoral y que está mucho más metido en esta segunda vuelta, será decisivo para la victoria final de Bachelet. Se considera que es la carta de triunfo de ésta, aunque hay quienes no descartan que pueda jugar en su contra: puestos juntos, la gente hace comparaciones, dicen.
Los números son muy parejos y si los votos de los Comunistas y Humanistas de Tomás Hirsh (5,4%) se suman al oficialismo habría continuidad. Hirsh anunció que ahora anulará su voto, pero habrá que ver lo que hacen sus seguidores. De todas maneras, hoy esa suma simple no nos dice nada.
Bachelet tiene a su favor el éxito del gobierno de Lagos, la trayectoria de la Concertación que ha conducido a Chile desde el fin del pinochetismo y el hecho de contar con mayoría en el Congreso.
Este en un factor que puede decidir el voto de independientes, moderados e indecisos que sopesen las complicaciones que aparejaría a un gobierno de Piñera gobernar en minoría. Y los chilenos han demostrado ser bastante pragmáticos.
Pero este mismo pragmatismo de los chilenos alimenta a su vez el optimismo de los “piñeristas”, por cuanto la imagen de empresario exitoso de su líder puede también decidir a los indecisos e independientes. El argumento es que la situación y posición que distingue hoy a Chile es producto de la dinámica del sector privado y de empresarios como Piñera y que el mérito de la Concertación sólo ha sido dirigir y gobernar con prudencia pero sin “tocar” ni meterse a cambiar mucho.
Chile se ha distanciado del resto de América Latina y los chilenos se sienten satisfechos por ello. Éste es un elemento que puede jugar en contra de Bachelet. Su discurso marcadamente más latinoamericanista que el de Lagos y antecesores, puede restarle adhesiones. Muchos le temen al Mercosur y prefieren seguir con los tratados de libre comercio. No está entre las aspiraciones de los chilenos “latinoamericanizarse” y menos “chapotear” juntos con Kirchner, Chávez y eventualmente Evo Morales. Bachelet lejos de desalentar esa idea la ha alimentado y hasta el propio Lagos, quién, como nunca antes, ha empezado a hablar de revisionismos y de “desaparecidos”.
¿Y qué harán los demócratacristianos? Éstos que fueron los grandes derrotados son más moderados y puede que no los seduzca tanto el socialismo acentuado de Bachelet ni el hecho de que ésta haya sido la candidata en lugar de la demócratacristiana Soledad Alvear.
Será una carrera entre la continuidad y el cambio. El resultado dependerá de cómo interpretan los chilenos lo que cada candidato efectivamente representa.
*Periodista uruguayo, ex presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa. Desde hoy publicará esta columna semanal.