Realidad en clave de pop

Alemán esboza los conflictos sociales y políticos de hoy a la luz del hip hop, la música techno y Britney Spears. Rodrigo Lara Serrano ¿Cuál es hoy el lugar más moderno del mundo? No es Washington, la ciudad vegetal de monumentos blancos con ansias de ser la Roma de los Augustos. Tampoco París, congelada e […]

  • Alemán esboza los conflictos sociales y políticos de hoy a la luz del hip hop, la música techno y Britney Spears.

Rodrigo Lara Serrano

¿Cuál es hoy el lugar más moderno del mundo? No es Washington, la ciudad vegetal de monumentos blancos con ansias de ser la Roma de los Augustos.

Tampoco París, congelada e iracunda. Ni qué hablar del autocrático Moscú ni de la contradictoria Shanghai, la ciudad de las burbujas inmobiliarias y censura para internet.

¿Buenos Aires, San Francisco, Roma? Para quienes distinguen lo que parece moderno de lo que realmente lo es, no hay duda: Berlín. Basta ver la velocidad con que se expanden entre los jóvenes metropolitanos latinoamericanos las camisas y chaquetas militares del Bundeswehr, el mejor ejército del mundo: no ha ido nunca a la guerra ni matado a nadie jamás.

Personas en loop, de Diedrich Diederichsen, viene a confirmar esa intuición. Este profesor de teoría del arte habla del mundo y del modo de vida actual observando la cultura popular y la música pop, a través de una serie de ensayos que arman el libro bajo la premisa de que las cosas cotidianas a veces desnudan más una sociedad que la teoría económica o política.

En el primer ensayo, Diederichsen muestra cómo el ideal del progreso personal y social de la posguerra ha desaparecido en Europa Occidental.

Las nuevas generaciones dan vueltas «en loop», sin creer en meta alguna ni buscarla. En otro desnuda a la estéril política europea, donde «los puestos de trabajo son el fundamento último de cualquier tontería: destrucción o salvación del medio ambiente, lucro privado o ahorro público; nada se fundamenta en razón de sí mismo, sino en virtud de los puestos de trabajo que genera».

En Fin del verano contracultural viaja a 1969 y enlaza la muerte del filósofo Theodor Adorno en Suiza y los asesinatos del clan Manson en California con el fin del concepto de reforma en Occidente.

Desde allí rastrea a sectas y grupos de magia negra sobrevivientes al agotamiento de la subcultura californiana en que se incubaron para integrar hoy ciertos circuitos musicales. En Hip Hop y Techno: el tiempo en la nueva música pop, explica el inesperado matrimonio de estas dos formas musicales, con una conclusión asombrosa: la fusión de hip hop y techno es resultado de la pugna entre negocios, arte y política.

Al leer La biopolítica de Britney Spears postula que la ya no tan adolescente bomba sexy «encarna la integración de todos los estilos musicales no electrónicos», el regreso de la mujer a su doble rol convencional y el último intento de la industria musical de producir estrellas masivas no étnicas.

El libro, que también habla de Quentin Tarantino, Stanley Kubrick, el soul y el jazz, señala una ironía histórica. Después de los nazis, antimodernos furiosos por excelencia, Alemania se ha convertido en el país más moderno. Uno donde la música sirve para cuestionar la disociación entre la vida y el trabajo.

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