Clifford KraussREPORTERO DEL STAFF DEL WALL STREET JOURNAL
Roman, Times, serif»>Nuevos tiempos, nuevas dificultades
Un hombre de negocios sobreviviendo en la Nicaragua de los sandinistas
Clifford Krauss
REPORTERO DEL STAFF DEL WALL STREET JOURNAL
Managua, Nicaragua.— Como cualquier revolucionario, Róger Cerda tiene retratos de César Augusto Sandino —el héroe del gobierno sandinista de tendencia marxista— por toda su oficina: en su escritorio, librero y mesita de sala. Mantiene a mano un broche de solapa con el rostro de Sandino y la última edición del periódico oficialista. Para el señor Cerda, todas estas triquiñuelas (arterías) son parte de lo que significa ser un capitalista en Nicaragua hoy en día. Este hombre de negocios, de 36 años, es el gerente general de Plásticos Modernos, S.A., una fábrica de plástico propiedad de una antigua familia de guardias de Nicaragua.
“Puse la bandera allá”, se jacta el eufórico señor Cerda, señalando la bandera rojinegra de los sandinistas que ondea sobre la fábrica de ladrillos rojos. “No fue el sindicato. No fue el Gobierno”. Y agrega: “Un hombre de negocios que quiere operar en un país totalitario tiene que adaptarse”. El señor Cerda, antiguo profesor de Economía y en otro tiempo un estudiante activista radical, se está adaptando increíblemente bien. A pesar del clima revolucionario y de una economía destrozada por la guerra, su planta ha salido adelante en los dos últimos años, después de un período de pérdidas que comenzó cuando el sindicato sandinista se apoderó de la planta por tres meses en 1981. Pero el señor Cerda dice que la ganancia no es lo que lo motiva a permanecer aquí. Según él, su misión consiste en hacer campaña a favor de “la guerra de guerrillas del hombre de negocios”. Es una lucha contra la corriente. Los niveles de producción de esta fábrica equivalen al 30 por ciento de lo que eran antes de la revolución. Su principal competidor es una unidad dirigida por el Estado que vende más barato que él y acapara la mejor materia prima. El casi quebrado Banco Central casi nunca provee al señor Cerda las divisas que necesita para importar repuestos vitales. En lo que se ha vuelto una maniobra típica, el señor Cerda recientemente persuadió al abogado de la compañía —como un favor— para que le cambie colones ticos por un cheque de la compañía en córdobas de Nicaragua para poder comprar bienes de los Estados Unidos, los cuales deben ser embarcados desde Miami a través de Costa Rica para evitar el embargo contra Nicaragua. Mientras tanto, el señor Cerda continuamente se ve obligado a cambiar su staff ya que los administradores de clase media siguen emigrando y los trabajadores son llevados por el servicio militar. En la última semana, cinco de sus seis estibadores y sus dos contadores, fueron llevados al servicio militar.
El gobierno sandinista impone tantos impuestos nuevos y demanda tanta información, que Plásticos Modernos ahora emplea a 13 contadores —11 más que antes de la revolución— y “eso no es todo”, dice el señor Cerda, y agrega: “Todos los días inventan un nuevo impuesto”. Nunca faltan últimas gotas que derramen el vaso. Las líneas telefónicas de Managua están tan sobresaturadas que el señor Cerda con frecuencia tiene que enviar a su secretaria fuera de la oficina para comunicarse personalmente con los clientes. Para aumentar sus ingresos, quisiera vender tres de los nueve camiones de la compañía, pero no puede encontrar las baterías que necesita para poner en marcha los camiones, ni siquiera en el mercado negro. A pesar de todo, Plásticos Modernos tuvo una ganancia de 600 mil dólares en el año fiscal 1984, su primera desde 1980, y 909 mil dólares de ganancia en el año fiscal 1985 que terminó el 30 de junio. Irónicamente, el negocio del plástico se ve aumentado por las mismas circunstancias que hacen la vida tan difícil en este país —la guerra y la desastrosa economía—. El creciente ejército sandinista necesita plástico grueso para cubrir los lugares donde están asentadas sus tropas así como para cubrir sus suministros, y la falta de cartones, tazas y platos ha obligado a los consumidores a sustituir estas cosas con bolsas plásticas.
La existencia misma de Plásticos Modernos es evidencia de que la revolución sandinista todavía no es fácil de etiquetar. Cuba nacionalizó por completo su sector privado en tres años desde que los comunistas tomaron el poder en 1959. Y sin embargo, seis años después de la revolución de Nicaragua, el vicepresidente Sergio Ramírez, estima que las empresas privadas todavía producen el 70 por ciento del producto doméstico global de la nación. Dice que ese porcentaje va a disminuir poco a poco, pero agrega que los sandinistas comprenden que la empresa privada crea riqueza. “El sector privado es un aliado del proceso revolucionario”, dice.
Lenta pero segura, las clases alta y media se van, especialmente los jóvenes. “No es que piense que soy el último de los mohicanos”, dice el algodonero de 58 años, Nicolás Bolaños, “pero estamos disminuyendo”. Algunos de los que se quedan dicen privadamente que ellos creen que serán recompensados por su tenacidad si la Contra logra ganar la guerra contra el Gobierno. El señor Cerda no cree que el sector privado de Nicaragua logre sobrevivir más de otra década, de la manera que están las cosas, pero sigue en su escritorio porque “si me voy, un búlgaro o un checo tomará mi lugar”. Un hombre joven, energético y patriótico que ama el reto de administrar un negocio contra todos los pronósticos. Su principal guía de negocios es una traducción francesa pobre de The art of war (El arte de la guerra), un libro escrito por el antiguo filósofo chino Sun Tzu. “Sun Tzu dice que la base de la guerra consiste en engañar a tu adversario”, dice el señor Cerda sonriendo.
El señor Cerda gana un equivalente a 44 mil dólares al año, pero en córdobas, los cuales no valen fuera del país. Aun con dinero, la vida es dura en una economía donde hay escasez de todo. No puede arreglar el techo de su casa porque hay escasez de madera, y la reparación de vehículos es un constante problema. En medio del ruido de un desvencijado aire acondicionado, todos están de acuerdo en que en unos meses habrá resina soviética barata en abundancia. Pero el señor Cerda se queja de las marcas soviéticas son de mala calidad comparadas con las resinas de occidente las cuales son acaparadas por la compañía estatal.
El señor Cerda reserva su lado suave para sus 200 trabajadores y los representantes de su sindicato sandinista. Plásticos Modernos necesita mimar a sus trabajadores ya que éste es, técnicamente, un Estado de trabajadores. En el tiempo en que el sindicato sandinista se tomó la empresa, en 1981, los trabajadores, de hecho, manejaron la planta. Finalmente, sin embargo, el Gobierno acordó con la administración y con el sindicato sandinista terminar su asociación con el sindicato rival del Partido Comunista que era el que había ordenado a los trabajadores que se tomaran la empresa. Durante esa crisis, la dueña de la Planta, Rosario Sánchez de Daboub, buscó al señor Cerda para que manejara la compañía de su familia ya que, como antiguo activista sandinista, “él los conoce”, dice ella. En ese tiempo, el señor Cerda, quien tiene un doctorado (PhD) en Desarrollo Económico de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, está enseñando en la Universidad Nacional en Managua.
(Extracto de entrevista publicada el 10 de agosto de 1985. Traducción :Pablo Sanabria Lainez).