Edgardo Jiménez
La labor humanistas de esos abnegados hombres, enemigos del fuego, es de un incalculable valor cívico. Ellos arriesgan sus físicos y sus vidas, tratando de salvar las vidas y bienes de personas a quienes no conocen siquiera. La primera frase que se viene a la mente cuando se inicia un incendio es llamen a los Bomberos y estos hombres no son reconocidos en su sacrificio ni siquiera por las personas que son beneficiadas.
En Nicaragua existen dos entidades de Bomberos: el benemérito Cuerpo de Bomberos de Nicaragua y la Dirección General de Bomberos. El primero fue fundado en 1936, después del terremoto del 31. Su primer Comandante fue el doctor Joaquín Vigil Lejarza. Le siguieron otras abnegadas personas como el ingeniero Roberto Lacayo Fiallos, el doctor Santos Jiménez y otros que siguieron la labor dirigiendo a esos hombres disciplinados, abnegados y con amor a su prójimo. En 1946, el Congreso Nacional de aquel entonces, por decreto, los elevó al rango de Beneméritos de la Patria, únicos de esa categoría vivientes en Centroamérica, quienes lo dan todo sin esperar ninguna recompensa. Todos son voluntarios, exceptuando unos pocos permanentes, a quienes les proporcionan alguna ayuda económica.
La Dirección General de Bomberos , que merece todo el respeto de la ciudadanía, fue fundada en los años ochenta por el Ministerio del Interior. Éstos son mantenidos por partidas del presupuesto de la República y todos tienen un sueldo permanente, aunque bajo, en relación con la labor que desempeñan. Por lo tanto también merecen el cariño y la admiración de todo el país.
La extraordinaria labor del bombero voluntario es comparada con la que hace el voluntario de la Cruz Roja. Tanto bomberos como cruzrojistas son personas que trabajan por amor a su prójimo, sin esperar nada a cambio.
Queramos, amemos, ayudemos a los Bomberos, y hagamos Patria uniéndonos como voluntarios al Benemérito Cuerpo de Bomberos de Nicaragua.