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Despiden al padre Fidel Rivera
Carol Munguía
CORRESPONSAL / CHINANDEGA
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Verdaderas muestras de pesar dieron los representantes de las 17 comunidades rurales de este municipio que asistieron ayer al sepelio del padre Fidel Rivera Martínez.
Una enfermedad crónica de evolución rápida puso fin a la cadena de proyectos que llevaba adelante el religioso, quien el 15 de diciembre cumpliría 20 años de haberse ordenado.
TESTIMONIOS
“Me llevó a mi madre al hospital cuando le provino un derrame cerebral”, recuerda Concepción Meza Altamirano, originaria de la comunidad de La Mora.
Los testimonios sobraron. Su vela, efectuada en la Iglesia de la Sagrada Familia estuvo concurrida, católicos de todos los estratos sociales se dieron cita en el reparto 12 de Septiembre para manifestar su cariño a un hombre que se entregó al servicio de la comunidad.
ADIÓS
El sepelio, que se efectuó en horas del mediodía y bajo un sol inclemente, no dispersó a la multitud que lo acompañó hasta el final. Era el último adiós de los católicos chinandeganos a un ser humano humilde, a un religioso comprometido con los pobres.
El padre Fidel Rivera llegó a la Iglesia de la Sagrada Familia hace 15 años. Para entonces el templo era una vieja casa de madera. Con ayuda de sus parroquianos y gente progresista logró construir a la par un hermoso edificio y hasta una casa cural.
Pedía por los enfermos, escolares, jóvenes en riesgo, en su carrera de ayudar al necesitado.
Otro de sus proyectos, sin concluir fue el dispensario médico, que con la ayuda de Caritas de Nicaragua inauguraría en el mes de diciembre.
Su inesperada muerte causó una gran conmoción entre los chinandeganos. Acostumbrados a verle caminar todas las mañanas sobre la acera de la manzana de la Iglesia Guadalupe, pocos podrían imaginar que su vida sería tan corta.