Antonio Lacayo
Ante las “Cartas al Director” aparecidas en las páginas de LA PRENSA en las últimas dos semanas en torno a mi persona, quiero en primer lugar expresar mi profundo agradecimiento a las 800 personas que se hicieron presentes en la Biblioteca del Banco Central el viernes 4 de noviembre, y mis excusas a quienes no pudieron entrar, para la presentación del libro titulado La difícil transición nicaragüense: En el Gobierno con doña Violeta.
También deseo agradecer a los nueve programas de televisión que me invitaron para conversar ante sus audiencias sobre el libro, así como la cobertura recibida en diarios y semanarios, y las invitaciones a presentar la obra en el Auditorio Ruiz-Ayestas de la UNAN-León, en la UCC de Managua, en la Casa de los Tres Mundos en Granada, y otras aún pendientes.
Asimismo agradezco las diversas Cartas al Director arriba referidas. Observo con gratitud que los comentarios negativos, hasta hoy aparecidos en dicha sección, se han referido a mi persona, no así al libro ni a la gestión en el Gobierno con doña Violeta.
En cuanto a la carta “Nobleza obliga”, aclaro que en ningún momento ha sido mi intención lastimar a nadie, sino exponer a los lectores las razones que nos llevaron a actuar como lo hicimos, y compartir la información que recibí, lo que vi, dije y se dijo frente a mí, estando yo en un cargo público, información que considero pertenece al pueblo, no a mí.
Como expresé el día de su presentación, este libro es mi versión, una rendición de cuentas sobre mi gestión como funcionario público a lo largo de esos difíciles años, las negociaciones y acuerdos con diversos sectores nacionales e internacionales, mi relato sobre cómo encontramos el país en 1990 y cómo se entregó en 1997. Y junto con eso, el libro ofrece algunas reflexiones sobre las transiciones, pues en el mundo continuará habiéndolas, y es importante que nuestra experiencia sirva de ejemplo para que otros las hagan mejor.
Y en cuanto a nuestra transición, que aún no concluye, pienso que sólo repasando lo actuado, meditando sobre los aciertos y los errores, y debatiendo con altura y serenidad y generosidad, vamos a consolidar la paz, la democracia y el desarrollo que nos propusimos en el Gobierno de doña Violeta.