- Costa Rica construyó una exitosa imagen ecoturística pero sus buenos resultados amenazan con hacerla insostenible
Carolina SolísSan José
La última batalla de Eugenio Guido, conservacionista luchador y coordinador del Grupo de Amigos del Río Pacuare, hizo ruido en Costa Rica. Guido hizo un llamado de emergencia a la comunidad de Turrialba, al este de San José, para votar contra los planes del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) de construir hidroeléctricas sobre el Pacuare. Reunió 30,000 firmas para forzar un plebiscito que frenase el proyecto sobre el río, que convoca a unos 100 mil turistas al año para hacer rafting. En agosto pasado, el ICE aceptó la posición social y desistió de construir las plantas.
En muchos países ésa sería apenas una batalla ganada por ambientalistas, pero tiene valor de decisión de Estado en Costa Rica, que ha hecho del turismo natural y la sustentabilidad ecológica la marca-país más exitosa de América Latina. “El país tiene que ser genuino y contundente en sus decisiones si quiere tener credibilidad”, dice René Castro, profesor asociado de la escuela de negocios Incae, en San José.
La fama generada por lo que pareciera un buen esfuerzo de marketing atrajo en 2004 a 1.45 millones de extranjeros, principalmente estadounidenses y canadienses, que dejaron más de US$ 1,357 millones en el país. La cifra representa US$ 1,100 por persona y es un 34 por ciento mayor al promedio per cápita global, según registros de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Además, ese público ha permanecido en Costa Rica unos 10 días, superando también la media de 5-7 de otros destinos de turismo sostenible, como Croacia.
¿El diferencial tico? El perfil del público. Costa Rica atrae a una mayoría de parejas de altos ingresos y nivel educativo, de 30 a 50 años de edad, que exigen aislamiento, seguridad y un ambiente sin componentes artificiales. Estos ecoturistas a los que se les ofrece desde observación de aves y visitas guiadas por selvas y bosques a deportes extremos y el clásico turismo de playa y sol, hoy generan el 70% de las divisas turísticas del país. Hoy el turismo representa el 9% del PIB nacional y es la mayor fuente de divisas.
El país comenzó a prestar atención especial a sus bondades naturales a fines de los setenta, cuando también empezó a pensar legislaciones y medidas para proteger el ambiente. Uno de esos planes pretende, por ejemplo, repoblar de especies nativas más del 70 por ciento del territorio nacional en 15 años. Se estima que ocho de cada 10 turistas llegan por recomendaciones de anteriores visitantes o por las notas periodísticas que “venden” la idea de que Costa Rica posee el 6% de la biodiversidad mundial.
CUIDADO CON LAS MASAS
Sin embargo, la promoción también es un arma de doble filo, pues ha alentado cierta masividad. El Plan Nacional de Turismo Sostenible, marco regulatorio del Estado y el sector privado, prevé alojar 2.2 millones de turistas para el 2012. Pero ya hoy el crecimiento del sector está muy por encima del estimado y las consecuencias empiezan a notarse. La gota que derramó el vaso fue la temporada alta 2004, cuando se perdieron un 40% de las reservaciones hoteleras por falta de lugar. “Creímos que tendríamos un crecimiento promedio del 6.6% en 10 años, pero la cifra es de un 9%, lo que obliga a reformular el plan”, dice Guillermo Alvarado, gerente general del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), en San José.
La respuesta a esa presión es más inversión . El ICT había estimado que el 2005 concluirá con un aumento del turismo del 12% al 14% respecto del 2004 y la industria se acomodó a ese ascenso invirtiendo en infraestructura US$ 85.5 millones a septiembre pasado, 33% más que lo previsto para todo el año.
Para Castro, del Incae, Costa Rica enfrenta la disyuntiva de decidir entre apostarle todo al ecoturismo o jugar a vender nichos en diferentes temporadas, idea que no cuaja en el Gobierno. “No hay ningún dilema”, dice Alvarado, del ICT. “Nuestro marco de acción es sostenible y nuestros procesos de desarrollo futuros seguirán enfocados en turismo de naturaleza, con una planificación que permita trabajar modelos de bajo impacto”.
La construcción de una marca-país nunca debe detenerse. Y eso volverá a verse cuando el debate sobre el Pacuare vuelva a la mesa. Óscar Arias, ex presidente y Nobel de la Paz, dijo que construirá las presas si es electo en las presidenciales de febrero próximo. Guido, el ecologista, volverá a dar batalla. El problema: Costa Rica necesita tanto de su energía como de su ecoturismo. Qué filo del arma elija será el mensaje que dará al mundo sobre su pequeña gran marca.