- Comerciantes aprovechan para duplicar precios de alimentos y agua
José Adán Silva y Heberto Jarquín
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BILWI, PUERTO CABEZAS, RAAN.- El miedo no se sentía ayer en las calles de Puerto Cabezas. Todo se veía normal, bajo un cielo oscuro que no dejaba caer toda su carga y, salvo los precios de los víveres que se dispararon hasta el doble, el ritmo de la vida seguía como si no existiese amenaza de huracán.
El comercio abrió sus puertas ayer con un incremento de hasta el 100 por ciento en los precios de los productos de consumo básico: una botella de agua que normalmente cuesta nueve córdobas, se cotizaba hasta en 18 córdobas.
Los precios de la comida igual estaban por las nubes y tuvo que intervenir la Alcaldía de Puerto Cabezas, con un comunicado que advirtió a los especuladores y comerciantes, que estaban alterando los precios, que les quitarían las licencias y les cerrarían los negocios si eran encontrados in fraganti.
Salieron a las calles los inspectores de la comuna y los precios volvieron a la normalidad con un efecto inmediato: las ventas se dispararon y los recipientes de agua volaron.
Por ejemplo, en la tienda Petronic-Pinares, a las dos de la tarde la reserva de agua se agotó en las bodegas; y en el supermercado Monter los pocos clientes que había llevaban más agua que comida.
Otro líquido que era buscado ayer con desesperación era la gasolina, que, igual que el agua, amaneció más cara que en el resto de la semana. Los pescadores hacían filas con sus bidones para obtener un poco del derivado del petróleo.
Salvo eso, eran muy pocos los pobladores que reforzaban sus casas con madera y piedras y no había el caos que se espera ante la cercanía de un fenómeno tan destructivo como un huracán.
Los que sí se movían con preocupación eran los militares y las fuerzas de seguridad pública. Durante todo el día los camiones militares de la Defensa Civil estuvieron activos en el traslado de medicinas, víveres, equipos médicos y, por la tarde a pobladores de las comunidades Wawabar, Dackban y Wawaboom.
Más de 500 personas habían sido evacuadas de esas comunidades y estaban siendo alojadas en algunos de los 240 albergues disponibles en la Región Autónoma Atlántico Norte, donde según los cálculos oficiales, podrían caber hasta 88,400 personas.
Otras de las evacuaciones que ayer se vieron en Puerto Cabezas, fue el traslado de entre 25 y 30 personas que estaban internadas en el Hospital Nuevo Amanecer. Los enfermos fueron trasladados al Instituto Nacional Tecnológico, donde se instaló un hospital precario, porque las instalaciones del Nuevo Amanecer corrían el riesgo de terminar inundadas.
Por la tarde, el coordinador del gobierno de la RAAN, Hurtado García Bécquer, hizo un llamado urgente a los pescadores que realizaban sus faenas en los Cayos Miskitos, a que buscasen refugio. Igual, la Comisión de Emergencia de la RAAN, llamó a los pobladores de Sandy Bay a que buscasen refugio, porque las últimas noticias indicaban que el movimiento de la tormenta Beta se dirigía hacia esa zona.
Del mismo modo, la misma Comisión de Emergencia llamó a los habitantes de Wounta, Haulover, Maniwatla y otras comunidades del sur de Puerto Cabezas, a que no se moviesen de sus casas, porque el peligro de inundaciones, a juicio de ellos, había bajado al moverse la tormenta hacia el norte de la región.
Otros que andaban en carreras y movimientos, igual que las fuerzas militares, eran los periodistas: Puerto Cabezas se convirtió ayer en un lugar de atracción para los medios, y las cámaras y micrófonos de periodistas nacionales y extranjeros se movían por todos los confines de la zona en busca de imágenes.
El mayor Gustavo Ramos, jefe de la Defensa Civil de la RAAN, dijo que en Puerto Cabezas se encontraban 12 mil personas en situación de riesgo por las inundaciones.
En Prinzapolka el riesgo era para 1,600, en Waspam 25 mil que habitan en zonas críticas a orillas del río Coco que, según las autoridades, podría desbordarse. Otras 9,000 personas corren peligro de inundaciones y deslaves en Rosita, y 5,000 en Siuna.
“Tememos por la seguridad de estas personas y esperamos que acaten la medidas de prevención”, dijo Ramos, ya que, a pesar de los vientos fuertes, la gente sigue en las calles como si nada ocurriese a escasos 200 kilómetros de sus costas.