Edgardo Jiménez López
Para que haya una verdadera democracia en Nicaragua, la Asamblea Nacional debe ratificar el nombramiento de los ministros, viceministros, embajadores, presidentes de entes autónomos y otros, en ternas que envíe el Presidente.
Esto es saludable, porque en muchas ocasiones, el Presidente, cualquiera que sea, nombra a sus amigos y parientes, aunque éstos sean totalmente ineptos en el desempeño de las funciones encomendadas. Entonces, este personaje tiene que rodearse de una nube de asesores que ganan excelentes sueldos, para que al final no asesoren nada.
Lógicamente, deben ser unas asambleas democráticas, que de verdad representen al pueblo y no a los partidos políticos a que pertenecen, pues todos sabemos que el dedo del caudillo es el que los pone y nosotros, los tontos, los ratificamos.
Esto debe cambiar para afianzar la democracia. Todos los diputados deben ser electos por el pueblo, directamente. Es decir, que cada uno de ellos busque en el pueblo, igual que lo hace el presidente y el alcalde, para que todos conozcamos a quien nos representa en la Asamblea. Que ellos nos conozcan a nosotros y que les quede grabada nuestra imagen cuando nos dan la mano para conseguir nuestro voto.
Y con respecto al voto, quiero enviar una advertencia a todos los posibles votantes. Que no se dejen llevar por la sonrisa, que nunca más verán, de los que les llegan a dar la mano, pues esa mano, no volverán a estrecharla jamás. Que no se entusiasmen con promesas que nunca van a cumplir y que no ambicionen una camiseta o gorra del pretendiente y que pregunten e investiguen al sujeto para que no voten en balde, sino por alguien que valga la pena y haga un buen trabajo en la Asamblea Nacional.