New York Times se distancia de periodista Miller

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WASHINGTON.- El enfrentamiento entre el diario The New York Times y una de sus periodistas estrella generó nuevas dudas sobre la cobertura informativa en Estados Unidos antes de la invasión a Irak y los presuntos esfuerzos de la Casa Blanca para manipular a los servicios de Inteligencia.

La explosión se hizo pública el sábado, cuando el Times dijo que la premiada periodista “parece haber inducido a error” al diario luego de que le ordenaran ser testigo en la investigación sobre la revelación de la identidad de una agente de la CIA.

Antes, el Times había defendido incondicionalmente a Miller, quien pasó casi tres meses en prisión por negarse a revelar la identidad de la fuente de la Casa Blanca que habló con ella sobre el caso.

En un memorando interno al personal divulgado por el diario, el editor en jefe, Bill Keller, se lamentó por no haber controlado más atentamente la cobertura informativa de Miller, que incluía Medio Oriente y asuntos de seguridad nacional.

Miller está ahora en el centro de la investigación del fiscal independiente Patrick Fitzgerald sobre la revelación ilegal de la identidad de una agente encubierta de la CIA.

Fitzgerald busca saber si asesores de la Casa Blanca filtraron a la prensa el nombre de Valerie Plame, espía de la CIA, en represalia por las críticas de su esposo, el ex embajador Joseph Wilson, sobre los argumentos de Bush para invadir Irak en el 2003.

En el texto, Keller deseó haber recibido de Miller un “pormenorizado informe” luego de ser citada, y agregó que el Times no atendió “lo que deberían haber sido significativas alarmas” sobre su involucramiento en el caso.

El editor en jefe dijo a los empleados del diario que no se dio cuenta que “Judy había sido una de las periodistas utilizada (sin ella saberlo) para la campaña de rumores contra Wilson”.

Y agregó que de haber sabido de los “enredos” de Miller con Lewis “Socooter” Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, habría tenido más voluntad de colaborar con Fitzgerald.

Miller todavía defiende su decisión de proteger a Libby, su fuente en la Casa Blanca, mientras Fitzgerald se apresta a concluir su investigación esta semana. Washington está expectante ante los eventuales cargos contra Libby, y el asesor y gurú del presidente George W. Bush, Karl Rove.

El caso es el último golpe para la prensa estadounidense, criticada por haber sido demasiado complaciente con el accionar de la Casa Blanca previo a la invasión a Irak en el 2003.

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