Edgardo Jiménez López
Hace pocos días se comentaba en una emisora televisiva nacional que el ruido que producen los claxon de los automovilistas en las calles de Nicaragua es desesperante. Los buseros y taxistas, especialmente, no respetan ninguna señal de silencio en los hospitales, colegios, clínicas y en todos los lugares donde se necesita el silencio por los enfermos.
Estos señores todo lo resuelven con el desesperante ruido de los pitos de aire de los trailers y de buses, así como el de los taxis. Estos conductores no respetan nada, ni señales de tránsito, ni las sirenas de la Policía, ambulancias y bomberos.
Hace un tiempo volcaron un equipo del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua, matando a dos de los abnegados bomberos que iban en misión de tratar de salvar vidas y viviendas y enviaron al hospital al resto del equipo. El chofer dijo que no llevaba encendida la sirena. Este hombre fue un cínico, pues todos los equipos de bomberos desde que salen de sus cuarteles van con sus sirenas pululando porque es una señal de emergencia.
Hace unos días volcaron una ambulancia de la Dirección General de Bomberos enviando más graves a los enfermos que en ese momento trasportaba la unidad, además del chofer y los paramédicos. ¿Qué dijo el conductor? Que iba en su carril y que la ambulancia se le metió. Claro está que por el exceso de velocidad del busero y lo sordo que ya están por el ruido que producen ellos mismos, no oyeron la sirena.
La Policía o la Asamblea Nacional deben de emitir una ley que prohíba los pitos en las calles, especialmente de noche. Esta ley debe extenderse hasta los altoparlantes ambulantes que a cualquier hora les fastidian la vida a todos los habitantes de Nicaragua.
Los señores diputados y de la Policía tienen la palabra.