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¿Presidencialismo o parlamentarismo?

Xiomara [email protected] La discusión de Presidencialismo vs. Parlamentarismo en América Latina ha demostrado ampliamente, que si bien el parlamentarismo es un sistema político viable para Europa, su aplicación en nuestros países está antecedida de grandes fracasos. “Desde siempre hemos sostenido que el presidencialismo no es rígido y permite adecuaciones a sus actuales y futuras funciones. […]

Xiomara [email protected]

La discusión de Presidencialismo vs. Parlamentarismo en América Latina ha demostrado ampliamente, que si bien el parlamentarismo es un sistema político viable para Europa, su aplicación en nuestros países está antecedida de grandes fracasos.

“Desde siempre hemos sostenido que el presidencialismo no es rígido y permite adecuaciones a sus actuales y futuras funciones. Asimismo, más allá de la idea clave de que el éxito de un sistema político dependería no tanto del modelo que se adopta como de la medida en que éste se adapta a las necesidades del caso, hemos enfatizado la importancia de los factores de contexto (culturales, sociológicos y de conducta) y especialmente aquellos relacionados con los partidos políticos y el sistema de partidos”, señalan los expertos en temas electorales, el alemán Dieter Nohlen y el chileno Mario Fernández, editores del estudio “El presidencialismo renovado. Instituciones y cambio político en América Latina”.

En este estudio, los politólogos han identificado “todo un catálogo de problemas al debatir sobre la introducción de formas parlamentarias en América Latina”, poniendo como punto de referencia al politólogo Juan Linz, un líder en el análisis del tema.

EL ESPEJISMO ESTADÍSTICO

Los analistas advierten que la estabilidad de los gobiernos parlamentarios y el quiebre de los sistemas presidencialistas, particularmente en los años sesenta, podrían llevar a la conclusión que el problema radica en el sistema de gobierno, es decir, una relación causal entre inestabilidad y forma de gobierno.

En sus estudios ellos plantean que existe una tercera variable, la variable región, detrás de la cual, en el caso de América Latina, se encuentran factores como la cultura política y la heterogeneidad social y económica, entre otros.

EL ARGUMENTO CONTRAFACTUAL

Otra debilidad apuntada por los expertos, es que se tiende en los análisis a afirmar que el parlamentarismo no conduciría a desenlaces infelices a las sociedades y que por lo tanto la democracia sobrevive bajo ese sistema de gobierno.

Usando el ejemplo del Chile gobernado por Augusto Pinochet valorando que el colapso de la democracia se debía a una incompatibilidad del sistema con la estabilidad democrática, el estudio indica que en el Chile de la redemocratización se rediseñó la institucionalidad del país, ofreciendo una modalidad de transición exitosa.

EL MODELO IDEAL Y EL CONTEXTO

Un mismo sistema de gobierno puede ser exitoso o no en el mismo país dependiendo del momento histórico. Bajo esta premisa se analizan los casos del Weimar fracasado (régimen político alemán instaurado en Alemania después de la derrota de la Primera Guerra Mundial) y del Bonn exitoso, que aprendió de la derrota de su primera experiencia de democracia parlamentaria para reformar adecuadamente la institucionalidad política.

Sin embargo, quienes apoyan al parlamentarismo por sí mismo, señalan que los cambios y rediseños institucionales en América Latina no han dado como resultado un presidencialismo exitoso.

“Esta posición no implica renunciar a aprender de la caída de las democracias. Una conclusión más convincente sería no atribuirle tanta centralidad al sistema de gobierno y buscar variables más poderosas. Vale repensar las instituciones y reformarlas si esto resulta beneficioso para el país”, dice el estudio.

COMPARACIONES DESEQUILIBRADAS

No se puede pretender la superioridad de un sistema sobre otro, dicen los autores del estudio, sin considerar los siguientes factores:

— La importancia del factor institucional en el quiebre de la democracia.

— Las lecciones aprendidas después de los quiebres, al reconstruir las democracias.

— La posible influencia que estas reformas de tipo institucional han podido tener en Europa y su impacto en América Latina.

LA DIMENSIÓN HISTÓRICA

Éste es un aspecto relevante en el análisis comparativo que se presenta en este estudio, porque si en el Siglo XIX en América Latina los Estados nacionales que emergieron a la independencia encontraron en la figura del Presidente la autoridad que reafirmaba el poder y la integración nacional en su fase de reorganización social, en Europa en esa misma época, en su fase de formación de la sociedad civil, el sistema de separación de poderes, Corona y Gobierno por un lado y Parlamento por otro, logró que el parlamentarismo se impusiera a las monarquías como forma democrática de gobierno.

El presidencialismo, entonces, significó un recurso político institucional para resolver los problemas de la formación de los Estados nacionales, mientras que el Parlamento se impuso como órgano preeminente.

Sin embargo, los autores del estudio recomiendan que el análisis debe fundamentarse además en algo más que el tradicionalismo y la historia para valorar ambos sistemas.

“Las instituciones son expresión de valores, preferencias y patrones de comportamiento ampliamente compartidos en una sociedad”, señalan.

EL PARLAMENTARISMO EN AMÉRICA LATINA

El estudio presentado por Nohlen y Fernández advierte que no se debe rechazar la posibilidad de un ensayo parlamentarista en América Latina, solamente porque es un sistema casi desconocido en esta región, pero recuerdan que las pocas experiencias han sido negativas.

En Chile, el período 1891-1925 se le Llama “parlamentario”, pero de eso solamente tenía la capacidad del Parlamento de censurar ministros y no al jefe de Estado. Este período se caracterizó por una gran inestabilidad.

En Perú, en la Constitución de 1980 se introdujo la figura de un Primer Ministro, que fue pura retórica.

En general se destaca que en América Latina no hay regímenes presidencialistas puros, pero que las posiciones favorables a la aplicación de un sistema parlamentario son minoritarios en la actualidad, así como las condiciones político-institucionales para lograrlo.

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN GOBIERNO

Nohlen y Fernández conceden que si bien el parlamentarismo puede promover el consenso necesario en procesos de democratización, también consideran que el presidencialismo de Estados Unidos tiene los mismos rasgos si se atiende el mecanismo de compromisos interpartidos que rige para las decisiones legislativas.

“Sorprendentemente es posible advertir que la crisis de gobernabilidad en algunos países de América Latina ha obedecido justamente al exceso de compromiso o de integración que ha conllevado bloqueo e inmovilismo”, indican.

Incluso, se señala que paradójicamente la incapacidad de tomar decisiones en un momento de crisis por inmovilismo, puede conducir a creer a la sociedad que es necesaria una mano fuerte y autoritaria para salir de la crisis.

El estudio recomienda que para el análisis de presidencialismo o parlamentarismo, es necesario considerar que lo que vale para un proceso no tiene por qué valer para el otro.

“Existe la evidencia empírica de que las transiciones hacia la democracia en América Latina, desde 1978, han sido conducidas por sistemas presidenciales”, dice el estudio que remarca que la consolidación democrática excede los límites de la institucionalidad y tiene que ver, más bien con la eficiencia del gobierno, ya sea éste parlamentario o presidencialista.

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