- Hace tres años un pistolero asaltó el edificio de LA PRENSA, y luego quedó libre
José Adán [email protected]
Ayer se cumplieron tres años de aquel día en que el ex combatiente de la Resistencia Nicaragüense, Tirso Moreno, asaltó el edificio de LA PRENSA, disparó contra agentes de la seguridad interna y secuestró a varios trabajadores para luego salir libre por un jurado de conciencia.
El asalto seguido de secuestro ocurrió exactamente a las 3:35 minutos de la tarde del 22 de octubre del 2002, cuando Tirso Moreno, en estado de ebriedad y armado de una pistola, entró volando tiros y acusando a los periodistas de ser los culpables de la muerte del hijo del ex presidente Arnoldo Alemán, quien minutos antes había fallecido en un trágico accidente en la hacienda El Chile junto a cuatro trabajadores más, intoxicados en un pozo lleno de dióxido de carbono.
Ese día el ex combatiente de la Contra apuntó a varios periodistas con su arma y otra que le quitó a un vigilante y les dijo que si alguien intentaba huir los mataría”, según recuerda el periodista Carlos Martínez, quien quedó de rehén de Moreno junto a otros trabajadores que no pudieron huir.
En el baño de varones se refugiaron varias editoras y periodistas, mientras en la sala de Redacción quedaron diseñadores, fotógrafos, reporteros, conductores y conserjes.
Afuera yacía desplegado un contingente de 150 agentes especiales de la Policía Nacional dispuestos a entrar en acción, pero el pistolero Moreno decía que si la Policía entraba se “armaría una masacre”.
“En ese momento yo me encontraba escribiendo muy cerca de la entrada de la sala de Redacción. Para que todos supieran que hablaba en serio, me encañonó con la pistola y repetía que vengaría la muerte del hijo del doctor Alemán. En ese momento sentí que mi vida estaba en peligro, pero a pesar de todo preferí quedarme sentado en el sitio donde me encontraba para no darle motivos de usar su arma. Tuve temor de que sus amenazas se concretaran porque además de que se encontraba fuera de control, se le sentía un fuerte olor a cerveza”, recuerda Carlos Martínez.