Godoy y Rizo

Jorge J. Cuadra V. No ha habido Vicepresidente de la República más escarnecido en la historia de Nicaragua, que el doctor Virgilio Godoy Reyes, Vicepresidente de la señora Violeta Barrios de Chamorro, al extremo que ni siquiera pudo contar con un despacho propio teniendo que despachar en cualquier rincón que a última hora se le […]

Jorge J. Cuadra V.

No ha habido Vicepresidente de la República más escarnecido en la historia de Nicaragua, que el doctor Virgilio Godoy Reyes, Vicepresidente de la señora Violeta Barrios de Chamorro, al extremo que ni siquiera pudo contar con un despacho propio teniendo que despachar en cualquier rincón que a última hora se le asignó. Debe haber sido extremadamente vergonzoso para el doctor Godoy el hecho de ser nadie en el entorno del Poder Ejecutivo y sólo recibir el salario los 15 y los 30 de cada mes, a sabiendas de que no se lo había ganado. La razón de esa maquiavélica medida era avergonzarlo y hacerlo renunciar. Pero el doctor Godoy, con toda la dignidad del mundo, supo superar el escarnio con su valentía demostrada a lo largo de muchos años de ser opositor de la dinastía somocista y sólo se rindió ante los embates de una cruel enfermedad que le disminuyó sus fuerzas, pero no le quebró su espíritu.

La renuncia del doctor Rizo tiene otras connotaciones de orden político, apegadas a un partidarismo exageradamente fiel y a una incontrolable ambición de llegar a ser Presidente de Nicaragua. Y es en medio de esa maraña en que el doctor Rizo toma la decisión equivocada, porque él bien debe saber que desde que promovió un nuevo movimiento dentro del PLC, en contra de Alemán, su carrera dentro de ese partido estaba terminada, porque es bien sabido que la familia Alemán no perdona ni los malos pensamientos de lo que consideran una posible deslealtad. Para prueba basta recordar los casos de José Antonio Alvarado y Eduardo Montealegre Rivas, grandes liberales y eficientes funcionarios, pero con criterios propios y al tanto de sus derechos.

El doctor Rizo iba por ese mismo camino y ya lo estaban haciendo chileno de nacimiento, para expulsarlo no sólo del partido sino de la política nacional. Sin embargo, el doctor Rizo retrocedió, se encauzó de nuevo dentro de la corriente arnoldista y se convirtió en una especie de quinta columna dentro del corazón del Poder Ejecutivo. Pero eso pudo, quizás, cerrar la herida, mas nunca cicatrizarla y quedó dentro de la lista de los no confiables y potenciales desagradecidos. Con todo ese bagaje negativo, era y sigue siendo un sueño una posible candidatura presidencial avalada por el dueño y señor del partido. Sin embargo, el doctor Rizo escogió seguir soñando y renunció a la Vicepresidencia.

Si lo ya expuesto es un obstáculo insalvable para las pretensiones del doctor Rizo, lo son más las declaraciones lapidarias y terminantes de Mr. Zoellick, Subsecretario de Estado del gobierno de Mr. Bush, con respecto a Arnoldo Alemán, en las cuales lo llama criminal y corrupto porque se robó el dinero del pueblo y lo sentencia al ostracismo político, no sólo en los Estados Unidos, sino en el poderoso y selecto grupo llamado G-8, que es prácticamente todo el primer mundo.

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