- La venta de casas y departamentos para vacaciones y fin de semana no sólo está más fuerte que nunca. También incluye lujos inéditos para la región
Felipe Aldunate Montes
Acapulco era el balneario soñado de los mexicanos en la década del setenta y ochenta. Sus playas en el Pacífico eran el principal destino de vacaciones de estrellas de la televisión y de la clase alta local. No obstante, en los noventa, la ciudad se desperfiló. El surgimiento de competidores como Cancún y Puerto Vallarta, que tuvieron más éxito a la hora de atraer a la nueva farándula y al star system mexicano, arrebató a Acapulco su corona como lugar de moda.
Pero Acapulco tiene algo que Cancún, Puerto Vallarta y Cuernavaca nunca tendrán: la cercanía con la capital. Los apenas 400 km por carretera le permiten seguir siendo el lugar ideal para aquéllos que quieren tener su casa o departamento en la playa. Mientras que en 1990 se compraban entre dos y ocho viviendas al mes en Acapulco, a fines del 2004 la cifra llegó a 38. En el 2005, la moda siguió creciendo: son cerca de 60 las unidades inmobiliarias mensuales que los mexicanos han comprado en los primeros meses de este año, según Softec, consultora local para proyectos inmobiliarios. Y no hablamos de gangas. “Se trata de departamentos con tres a cuatro recámaras equipados con jacuzzi, vista al mar y con precios entre US$458,000 y US$604,000”, dice Claudia Velázquez, directora de mercado de Softec.
Acapulco es uno de los mayores beneficiados del boom que están teniendo en México las residencias plus o segundas viviendas, como se le conoce a este sector de las inversiones inmobiliarias enfocadas a propiedades de veraneo, descanso o fin de semana.
El segmento creció 16.1 por ciento en el 2004, y espera un salto mayor para este año. Eso ha empujado proyectos como Maralago Acapulco, 174 condominios de lujo con playa privada, albercas, canchas de tenis y paddle tenis, jogging track, restaurante, salones de juegos y usos múltiples, business center, gimnasio y spa. Los departamentos superan los 200 metros cuadrados (aunque a la primera semana de septiembre sólo quedaban dos) con precios entre US$600,000 y US$1,200 millones.
Otro de los grandes desarrolladores es BCBA, que cuenta con tres proyectos dirigidos a este sector, uno de los cuales está ubicado en Ixtapa. Con el nombre de Amara, incluye tres torres de 15 pisos a 80 metros de la playa. Los precios de cada departamento van de US$300,766 a US$724,063.
Las playas mexicanas no son las únicas que disfrutan de este auge. Así lo puede atestiguar Arenas de Cachagua, en la Comuna de Zapallar, el más exclusivo balneario de Chile. Con una campaña que partió en noviembre del año pasado, los ejecutivos de ventas pensaron que el trabajo sería difícil, pues no recuerdan una iniciativa parecida en infraestructura y valor. Se trata de un proyecto boutique: apenas 27 departamentos de entre 120 y 240 metros cuadrados, arquitectura de lujo, funicular a la playa, spa y un sinfín de divertimientos de ricos, quienes deben desembolsar unos US$400,000. El interés impresionó a todos: aunque aún no se termina de construir, un 70 por ciento del proyecto está vendido. Un grato renacer tras la caída de más de 60 por ciento que tuvo esta demanda entre 1997 y 2001. “Hay más dinero de lo que se cree y el chileno es exigente al extremo”, dice Patricio Cummins, socio de la empresa de gestión inmobiliaria Cummins & Compañía Propiedades.
A pesar de la variedad de paisajes, la playa sigue siendo el lugar preferido por los chilenos. Según un estudio del Instituto Inmobiliario de Chile, el volumen de ventas de la segunda vivienda se elevó 18.7 por ciento entre 2003 y 2004, y se espera que esa cifra llegue a 22.7 por ciento este año. Las preferencias están claras: un 74 por ciento opta por la playa y un 18.5 por ciento se va a zonas de los lagos. La montaña (5%) y los lugares campestres (2.5%) pasan a tercero y cuarto lugar. Sume a eso los estudios que apuntan que la rentabilidad de la segunda vivienda en Chile se recupera sostenidamente desde el 2003.
Este boom se repite en varios de los principales mercados de América Latina. Los compradores son los tradicionales: miembros de los estratos más altos, principalmente AB, que tienen ingresos mensuales superiores a los US$11,000 y que ya tienen pagados los hogares donde viven al igual que sus principales bienes. Pero las razones del boom actual superan las simples ganas de los AB de tener unas tranquilas vacaciones. Las bajas tasas de interés que han desencadenado competencia de los bancos en el sector de los créditos hipotecarios, el descubrimiento de la segunda vivienda como instrumento de inversión y el cada vez mayor interés de los extranjeros en pasar vacaciones en América Latina también motorizan este fenómeno.
Desde su oficina en Biscayne Boulevard, Rogelio Basso, analista de real estate de Ernst & Young, ve a diario cómo la demanda de Estados Unidos y Europa fomenta el crecimiento de la segunda vivienda de alta categoría en América Latina. Con tierras en Miami y en la costa de California cuyo valor es prohibitivo, el estadounidense mira hacia la costa de México y Costa Rica. “En Estados Unidos, por ejemplo, la generación de los baby boomer está jubilando y busca dónde descansar”, dice Basso. “Y el precio gana: mientras el metro cuadrado en las costas de Florida llega a US$10,500, en las costas de México es entre un 30 por ciento a 50 por ciento más bajo”. Además, en Miami ya casi no quedan tierras. Por eso, los estadounidenses se vuelcan al Caribe, donde optan por condominios cerrados que tengan de todo.
Los extranjeros han motivado varios proyectos nuevos en Brasil, donde la industria crece a tasas de dos dígitos desde el 2000, según Tomás de Salles, director de nuevos negocios de Lopes Consultoria de Imóveis. El creciente interés de los europeos por mojarse los pies en la costa atlántica de Brasil es claro en el noroeste, como en el estado de Bahía. “La razón es simple: además de la proximidad de Europa, la fortaleza del euro frente al real es un imán”, dice Basso, de Ernst & Young.
Pero Brasil no es sólo playa. “El real estate que vende en Brasil es aquél que ofrece seguridad y deportes”, dice De Salles, de Lopes Consultoría. Eso explica el éxito que han tenido parcelas como Fazenda da Grama, lotes de unos 3,000 m2 a casi dos horas de São Paulo. Lanzados en junio de este año, en ellos prima la seguridad, un campo de golf con tecnología de punta y donde reina el lujo. “Los primeros 120 lotes se vendieron en 10 días, mientras que la segunda etapa —de 100 terrenos— ya está un 70 por ciento vendida”, agrega De Salles.
(Con la colaboración deCarolina Solís en Ciudad de México, Gustavo Stok en Buenos Aires y Francisca Vega en Santiago).
EL CONO SUR
En Argentina, donde el mercado de segundas viviendas es uno de los más tradicionales de la región gracias a los countries que empezaron a construirse hace 70 años en las afueras de Buenos Aires, la historia es un poco distinta. El boom más fuerte llegó a mediados de los noventa, pero terminó destruido con la crisis económica del 2001. “El segmento de las segundas viviendas es el que más cayó durante la crisis”, dice Roberto Tizado, dueño de la tradicional inmobiliaria Tizado Propiedades, en Buenos Aires.
Hoy, pese a la recuperación, los precios en dólares de estas segundas viviendas están todavía un 25 por ciento a 30 por ciento por debajo de los de fines del 2001, pese a que aquellos valores ya venían en baja desde el comienzo de la recesión económica en 1998.
En la Patagonia argentina, el Caribe mexicano, el nordeste brasileño o el litoral chileno el cuento es el mismo: la demanda de las segundas viviendas crece vigorosamente. Y el boom continuará. Es lógico: al fin y al cabo, no es fácil encontrar otro negocio que asegure descanso y alternativa de inversión en el mismo lugar y al mismo tiempo.