José René Roa Selva
La propina era un agasajo que se repartía entre los concurrentes a una junta y que luego se redujo a dinero. Hoy en día es una regalía que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción y agradecimiento se provee por algún servicio eventual o permanente.
En muchos países está institucionalizada esta sangría, habiéndole asignado un 10 y hasta un 15 por ciento del valor de los servicios prestados. Son innumerables los “propinados”: los taxistas, los buseros, las meseras, el repartidor de periódicos, el mandadero, el bombero de la gasolinera, la doméstica, el cobrador, y hasta el policía de tránsito (siendo ésta, no una propina sino una “mordida”). Ella viene a ser en estos días el complemento de sueldo de los propinados, y apoyados en esta mala costumbre los patrones pagan salarios de subsistencia, en la seguridad de que el público idiota ajuste el sueldo que ellos esquilman impunemente.
Hacen que sus empleados vivan de las propinas, como quien dice, de la caridad pública. Su salario no lo pueden presupuestar, puesto que no es constante ni fijo, y los usuarios quedamos convertidos en alcahuetes de los patrones.
La propina es una costumbre tonta implantada por la clase dominante que corrompe el servicio y la atención a la clientela. Quien da propina es mejor atendido que quien no la da. Es soborno al mesero, es la mordida a la clientela.
Recordemos aquello del billete partido en dos: “Si me atiendes bien, te doy la otra parte del billete, si no lo haces, no hay nada…” La propinita que da un empleado, digamos un asalariado, la da más por vanidad y ostentación, que por solidaridad o compasión. Lleva más de fatuidad y de jactancia ponerse a repartir propina, quienes viven de ella. Si te marchas sin dejar la propina, a pesar de los precios tan altos actualmente, de la impresión que ya va incluida en la factura; quedas estigmatizado, tanto por quienes pagaste la cuenta como por la mesera o quien debía recibirla.
Qué lacra más detestable y burda, enemiga de nuestros escuálidos salarios; y nosotros que vivimos quejándonos de la inflación, de los impuestos directos, de los recargos, de las multas, de las “mordidas”, y a la propina le hemos venido a dar un lugar en nuestros bolsillos para que nos muerda con su desembolso ilegal y sin razón.
Presidente de la Asociación de Jubilados de Oriente Granada