Nicole Mendoza [email protected]
El pasado 27 de septiembre se celebró en Managua el Día Mundial del Turismo, con desfiles de carrozas como expresión de nuestra riqueza cultural y folclórica en función de ofertarla turísticamente.
Hoy 12 de octubre se celebra o conmemora el Día de la Raza, ahora llamado de la Hispanidad, el cual encarna distintos significados de acuerdo a la cosmovisión y posición en la que nos queramos ubicar, sin embargo, nunca es tarde para empezar si de ofrecer propuestas de desarrollo para nuestros pueblos indígenas se trata.
Históricamente las comunidades indígenas han vivido en un largo proceso de marginación, atraso, discriminación y pobreza. Sin embargo, es admirable cómo a través del tiempo haciendo uso de distintas formas de resistencia han logrado mantener su cultura, tradiciones, costumbres y normas de organización social y jurídica.
Actualmente muchos de estos pueblos como Nancimí-Tola, Veracruz-Rivas, Sébaco-Matagalpa, Totogalpa, ciudad antigua en Las Segovias, entre otros, cuentan con abundantes ventajas comparativas que las podemos aprovechar para insertarlos en un rubro de futuro prometedor y de impacto como es el turismo.
El turismo comunitario permite que los pueblos indígenas rescaten y den a conocer su cultura, costumbres, historia, naturaleza y belleza escénica, la compartan con el mundo, de tal modo, que la interacción que se establece con la comunidad y el turista, incentiva aún más el deseo de conocer nuestra cultura y la necesidad de preservarla por parte de los actores comunitarios.
En ese sentido la integración de la cultura con las actividades turísticas locales se convierten en herramientas de desarrollo para fortalecer la identidad de las comunidades y que sus diversas formas de expresión permanezcan vivas y auténticas.
El Instituto Centroamericano de Relaciones Internacionales y Ambientales (ICRA), dentro de su plan estratégico se plantea el acompañamiento a las comunidades, pueblos y asociaciones indígenas, con el objetivo de insertarlos en la dinámica del turismo comunitario, desde una perspectiva integral de su desarrollo humano sostenible, con el fin de que éstos prosperen y vivan dignamente, mejorando sus condiciones de vida, preservando su identidad y cultura milenaria.
Es por eso que el turismo comunitario se vislumbra como una alternativa que sirve de estrategia para lograr este objetivo contribuyendo al desarrollo económico local y generando medios de vida sostenible en los pueblos y comunidades indígenas, dándole vida al patrimonio histórico cultural, promoviéndolo como un elemento primordial de identidad y afirmación colectiva de la comunidad.
Esta estrategia no tendría utilidad práctica, inmediata, si no se concibe como una alternativa socioeconómica, en el marco del desarrollo de base amplia, generación de empleo, lucha contra la pobreza desde el territorio, transformando las ventajas comparativas en competitivas. Donde las comunidades se inserten como protagonistas en el desarrollo turístico nacional, el cual repunta con datos halagadores a la economía del país, cuantificados por el Instituto Nicaragüense del Turismo (Intur) hasta julio, ingresos alrededor de los 113 millones de dólares y la llegada de más de 400 mil visitantes.
En la medida que hagamos de esta industria una actividad ambientalmente responsable, culturalmente enriquecedora, y económicamente viable, estaremos ayudando a complementar adecuadamente la economía comunitaria y familiar, fomentando el amor y apego a lo autóctono, lo que nos hace únicos e irreductibles frente a las fuerzas que pulsan por transculturizarnos totalmente.
Aun queda mucho camino que recorrer, existen dificultades por eso estamos a la orden para tratar de reducirlas.
La autora es especialista en Turismo Comunitario.