Durante la adolescencia, los muchachos atraviesan la fase de identidad en la cual buscan ser tan diferentes a sus padres, pero a la vez tan parecidos a sus amigos.
Estos jóvenes, con tal de ser aceptados, tienen un proceso de ritualización donde las reglas las dictan otros jóvenes, mayores y más experimentados. El problema es que muchos muchachos con tal de agradar a sus compañeros, se exponen, asumen conductas de riesgo, empiezan a probar sustancias, llegar a altas horas de la noche a su casa y en esa búsqueda de ser igual a otros, pueden llegar a tomar caminos equivocados, como es el camino de las adicciones..
El peligro de caer en adicciones está latente en cualquier etapa de la vida, sin embargo, el riesgo es mayor en la etapa de la adolescencia, donde hay cambios hormonales. Los jóvenes comienzan a consumir entre los 11 y 13 años, muchas veces por curiosidad; es un período donde hay mucho contacto con sustancias ilícitas y los padres deben estar especialmente pendientes en esa etapa.
Hay muchachos adictos en los 15 y 17 años, pero lo que los llevó a esa adicción fueron los primeros consumos, los cuales se dan en algunos casos en la escuela primaria.
Los muchachos están descubriendo el cigarro y el alcohol; éstas son las primeras drogas de contacto y, no por ser socialmente aceptadas, son menos peligrosas; al contrario, el peligro de convertirse en adicto al alcohol o al cigarro es mayor porque lo consumen con aprobación social.
La secundaria es todo un mundo que los niños y niñas que llegan de la primaria, están descubriendo. Comienzan a compartir con muchachos y muchachas mayores que ellos y que han tenido experiencias en todo, se trata de gente más avanzada, que puede llegar a influir negativamente en los adolescentes, quienes en esa edad son más influenciables y se quieren parecer a los más grandes, los más fuertes, los más populares. Se trata de una conducta de modelado, pero esta conducta podría llevarlos a seguir modelos destructivos.
Los niños y adolescentes que no han tenido una educación sólida o que les falta una figura que los vaya modelando, estarán más propensos a ser influenciados por los amigos y a ser absorbidos por un grupo donde las reglas son hacer ilícitos.
Es por eso que la educación de los niños, previo a la adolescencia, donde se pongan normas y límites con amor, juega un papel fundamental.
Un muchacho que ha tenido esta educación y siente confianza en sus padres, no correrá peligro de caer en ilícitos o adicciones, aunque esté expuesto porque él o ella, podrá decir no y no se expondrá, como otros, pues tendrá una moral sólida.
ALERTA
Señales de adicción
La hora y el lugar. Los jóvenes que consumen alcohol o cigarros en lugares y horarios donde no deben hacerlo, como días entre semanas, dentro del colegio, etc., están propensos a ser adictos.
Cambios de hábitos. Que el joven falte a clase, se encierre mucho tiempo, falte a su rutina, no quiera comer, empiece a llegar tarde, son señales de alerta.
Cambio de amistades.
Es necesario estar pendiente de los amigos con quienes andan los hijos. Un nuevo amigo podría ser quien lo induzca a consumir o le venda la sustancia.
Sicoterapeuta, experto en adicciones, del Centro Dianova.