AFP
PARIS.- El Premio Nobel de Química, atribuido este miércoles al francés Yves Chauvin y a los norteamericanos Robert Grubbs y Richard Schrock, recompensa las investigaciones sobre catálisis con aplicaciones muy útiles para la industria petrolera y la producción de materiales plásticos y medicamentos.
Las investigaciones de los tres premiados son de “una gran importancia para la industria química, ya que abren nuevas oportunidades para las moléculas sintetizadas que servirán para la producción industrial de medicinas, plásticos y otros materiales. La producción será más barata y más respetuosa del medio ambiente”, indicó en Estocolmo la Real Academia de Ciencias de Suecia.
Sus investigaciones “suponen un gran paso para la química ‘verde’ o ecológica, ya que reducen los residuos potencialmente peligrosos para obtener una mejor producción”, precisó.
Las investigaciones realizadas por el científico francés en la década de los años setenta se concretaron en un mecanismo de explicación de la metátesis de un hidrocarburo, el etileno, que se conoce con el nombre de Chauvin.
Se trata de romper los dobles enlaces entre los átomos para recomponerlos de forma que se provoque el cambio de lugar de grupos de átomos con la ayuda de moléculas catalíticas específicas que permitan la reacción sin sufrir modificaciones químicas.
“Metátesis significa cambiar de lugar”, según la definición de la academia sueca, que explica metafóricamente que esta reacción química es “un baile con cambio de pareja”.
“La metátesis es un ejemplo de la importancia que tiene aplicar la ciencia para el beneficio del hombre, la sociedad y el medio ambiente”, subrayó.
Al igual que muchos otros descubrimientos en química orgánica, la metátesis fue puesta en evidencia por la industria en los años cincuenta y Chauvin fue uno de los numerosos químicos que empezó a medir las inmensas posibilidades que dicho proceso podía presentar para la síntesis orgánica.
Junto con su alumno, Jean-Louis Herrison, Chauvin expuso que en la metátesis del etileno, el catalizador era un carbono metálico, un compuesto en el que el metal está unido al carbono por un doble enlace.
Todas las formas de vida terrestres se basan en compuestos carbónicos en los que los átomos de carbono pueden formar largas cadenas o anillos, combinarse con otros elementos y formar dobles enlaces. El hombre puede crear esos compuestos artificialmente. Eso es lo que se conoce como síntesis orgánica y la metátesis es una de sus herramientas.
El francés Yves Chauvin, de 74 años, es director honorario de investigación del Instituto Francés del Petróleo (IFP), y es el octavo científico francés que recibe el galardón. Los primeros fueron Henri Moissan, en 1906, y Marie Curie, en 1911.
El estadounidense Richard Schrock, de 60 años, profesor de química del Massachusetts Institute of Technology (MIT), fue galardonado por continuar el trabajo de Chauvin y concretamente por ser el primero en “producir un eficaz catalizador metálico para la metátesis” en 1990.
El también norteamericano Robert Grubbs, de 63 años, es profesor de química del California Institute of Technology y retomó el trabajo de Schrock desarrollando en 1992 “un catalizador aún mejor, estable en el aire y de gran utilidad”.
Gracias a Chauvin, Grubbs y Schrock, “la metátesis se convirtió en fácil para toda una serie de productos, mientras que los procesos disponibles hasta entonces eran muy complicados”, subrayó Marc Ledoux, director científico del departamento de Ciencias Químicas del CNRS y especialista en química catalítica.
Ledoux precisó que “esas investigaciones permitieron obtener un catalizador selectivo sin subproductos, es decir, ‘verde’, que economiza energía”.
La síntesis orgánica constituye para los científicos la clave de la química orgánica, ya que ofrece posibilidades casi ilimitadas para crear moléculas mediante cadenas de átomos de carbono, que se expresa en fórmulas químicas de armoniosa geometría.
Robert Woodward, Premio Nobel en 1965 por sus trabajos en este mismo sector, ya subrayó el carácter “artístico” de la investigación, que necesita, insistió, tanto el rigor científico como cualidades de observación y de dirección experimental, así como de intuición.
Chauvin recibió la noticia en su casa del centro de Francia “sin especial alegría” por lo que afectará a su vida, agradeció las investigaciones de sus colegas norteamericanos y anunció que debido a su edad no acudirá a recoger el premio.
Por el contrario, Grubbs y Schrock se declararon “impactados” e “ilusionados” por la noticia y por las implicaciones positivas que el premio tendrá en su futuro trabajo.
El primer ministro francés, Dominique de Villepin, felicitó a Chauvin por “las importantes implicaciones” de sus investigaciones en la industria y en la salud, reconoció una carrera “completamente dedicada a la investigación” y subrayó “la calidad” de los investigadores franceses.
Los ganadores recibirán una medalla de oro y se repartirán un cheque de 10 millones de coronas suecas (1.3 millones de dólares) en la ceremonia de entrega de los premios, el 10 de diciembre, el aniversario de la muerte del creador del premio, Alfred Nobel, en 1896.
El Premio Nobel de Química del 2004 fue atribuido a los israelíes Aaron Ciechanover y Avram Hershko, y al norteamericano Irwin Rose, por sus trabajos sobre la degradación de las proteínas.