- A una semana de la elección,
Alemania no conoce aún quién la gobernará. ¿Por qué sucedió esto?
Alberto L. Alemán
A una semana de las elecciones legislativas en Alemania, aún no se vislumbra claramente la formación de un gobierno, dado los resultados tan aproximados de los dos partidos mayoritarios, una situación que resulta del temor a grandes reformas sociales y económicas, asegura un politólogo alemán.
El impasse es reforzado por la insistencia de los dos jefes de partido en ocupar el puesto de canciller, o jefe de gobierno. Tanto el actual canciller Gerhard Schroeder, del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) como la diputada Ángela Merkel, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) mantienen su postura de reclamar para sí el máximo puesto.
La CDU obtuvo el 35.2% de los votos, apenas encima del SPD, que ganó el 34.3%. En cada caso, ninguno podría disponer de una mayoría parlamentaria significativa.
Sin embargo, una probable salida vislumbrada por los analistas será la formación de un gobierno de una gran coalición de ambas fuerzas sin que uno de ellos lo encabece. Esta semana depara intensas negociaciones.
Los comicios han supuesto una victoria muy amarga para Merkel, quien espera ser la primera mujer canciller de la historia, y probaron de nuevo las habilidades políticas de Schroeder, quien en una apuesta arriesgada, provocó elecciones anticipadas y redujo una ventaja de 20 puntos que la CDU le llevaba en las encuestas hace tres meses.
Para el profesor doctor Ludger Künhardt, director del Centro de Estudios de la Integración Europea de la Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität en Bonn, “las razones de este resultado reflejan una situación extraña, idiosincrásica en Alemania”.
De acuerdo con el académico, la estabilidad es una preocupación suprema de los alemanes que es antepuesta a todo lo demás, a pesar de que la tercera economía mundial y la mayor de Europa necesita de urgentes reformas que reduzcan el desempleo (10.6% en 2004), traigan el crecimiento y la hagan más competitiva en el mundo globalizado. Alemania tiene altos costos laborales y un déficit público mayor al 3% del PIB, lo cual choca con las normas de la misma Unión Europea.
Además, en los últimos años se han acumulado problemas no resueltos ni discutidos. “Tabús”, les llama Künhardt.
“Pienso que eso (la situación actual) refleja el hecho de que Alemania sigue dividida. Es un país, claro, occidental, pero también es una sociedad postcomunista, como otros países postcomunistas (del este de Europa), con cambios de su cultura política y su sistema de partidos políticos”, expresó Künhardt en una entrevista con LA PRENSA.
“En una situación en que la mayoría de gente en Alemania del Oeste no quiere cambios, reformas, se presentan como conservadores de estructuras; mientras, los alemanes del Este (la ex RDA) representan una sociedad perfectamente postcomunista, y por eso los postcomunistas tienen el 25% (de apoyo regular, electorado cautivo), algo que es normal en Polonia, no para nosotros”, continuó.
El desempleo en el Este supera la media nacional y el nivel de vida es aún inferior al occidental.
Para el politólogo se han mantenido los “tabús” como la no aceptación del carácter dual de la sociedad alemana, o la exclusión de los postcomunistas en la formación de gobiernos federales. A esto se suma el atípico comportamiento de los partidos.
“El gobierno se presenta en la campaña como la oposición a las reformas, mientras la oposición defiende sus posiciones como normalmente lo hace un gobierno”, explica Künhardt .
Con estos elementos “antagónicos, extraños , idiosincrásicos”, sostiene Künhardt, el “resultado no es demasiado sorprendente para mí”.
“Porque la reacción quizás normal, (o) falsa, es que no queremos cambio, necesitamos estabilidad. Esa mentalidad ha sido la consecuencia de la política de Alemania durante los últimos 15 años en que muchos de estos aspectos han sido casi tabús. Por ejemplo, el que hemos sido una sociedad postcomunista, es una locura, y ahora tenemos que vivir con realidades, como el hecho de que Alemania está también integrada en la globalización. (Lo que sucede en la política) es parte del postcomunismo, globalización, confusión total , hay miedo en la sociedad de reformas de todo tipo”.
En cuanto al impasse actual, Künhardt concluye: “La mentalidad alemana ha creado esta sensación de que la estabilidad es lo que es necesario, el resto es elemento hacia un camino malo. Pero que pienso que las reformas son muy necesarias. Ahora la consecuencia es que una falsa política ha creado una falsa mentalidad, y ésta ahora ha creado una situación falsa”.
POSIBLES ESCENARIOS DE UN FUTURO GOBIERNO
El politólogo, experto en la integración europea, conjeturó sobre tres posibles escenarios en la formación de un nuevo gobierno alemán.
Uno: una “gran coalición” de socialdemócratas y cristianodemócratas, la más probable. “Todos ganan”.
El segundo son variaciones desconocidas hasta ahora en Alemania. Por ejemplo una coalición entre democristianos, liberales y verdes.
“Eso es una coalición de negros (democratacristianos), amarillos (Liberales) y Verdes (ecologistas). Eso, se dice, es una ´coalición jamaica´, porque ésos son los colores de la bandera jamaiquina”, explica Künhardt divertido.
Una subvariante podría ser una coalición de socialdemócratas, verdes y rojos (postcomunistas, “hasta hoy un tabú”.
Y la tercera es la designación de un gobierno minoritario con el apoyo tácito de otros partidos. Por ejemplo, la CDU con los liberales y sin los Verdes, pero con el apoyo de éstos sin formar parte del gobierno.
“Este tipo de gobierno ha existido en algunos países escandinavos, pero nunca funcionará probablemente en Alemania, porque creará una inestabilidad. ¡Es lo que los alemanes odian!”, afirma.
El profesor Künhardt fue invitado a Nicaragua por la embajada alemana y dio una conferencia sobre la integración europea y la de Centroamérica.
Nacido en 1958 en Münster, es católico, casado, dos niños. Realizó sus estudios de historia, filosofía y ciencias políticas en Bonn, Tokio, Harvard. Entre 1987 y 1989 fue colaborador del Presidente de la República Federal de Alemania, Richard von Weizsäcker.
LOS PRINCIPALES ACTORES POLÍTICOS
Gerhard Schroeder, canciller. Es el jefe del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Pretende seguir de canciller y se niega a aceptar a Merkel como su sustituta.
Angela Merkel, presidenta de la CDU y jefa de la bancada parlamentaria. Ex profesora de química, proviene de la ex RDA (este).
Joschka Fischer. Sagaz, carismático, líder de los Verdes y ministro de Exteriores. Su partido es el socio menor en el Gobierno actual.
Guido Westerwelle. Dirige el Partido de los Liberales, el FDP. Entraría a una coalición con el partido de Merkel: el FDP ha sido un socio menor de gobierno tradicional de la democracia cristiana en el pasado, por ejemplo en los años del canciller Helmut Kohl.
Edmund Stoiber. Líder de la Unión Socialcristiana (CSU), partido hermano de la CDU en Baviera, gobierna ese Estado. Aliado natural de Merkel, ex candidato a canciller.
ALGUNAS CARENCIAS DE LA INTEGRACIÓN DE CENTROAMÉRICA
La integración centroamericana adolece de tres defectos importantes, dice el profesor doctor Ludger Künhardt, aunque si se le compara con el proceso histórico de la Unión Europea, esto no es extraño y tampoco es un caso aislado en América Latina.
“El primero es una voluntad política real de crear estructuras en que los países miembros comparten soberanía”, sostuvo el académico. “Es un déficit porque la integración no es una meta en sí misma, pero la meta de la integración es de crear efectos positivos, económicos, posicionar la región en la globalización, luchar contra la pobreza”.
La segunda carencia “es que falta un sentido de pertenencia, de propiedad”, entre los pueblos de la región. No se trata de que la integración sea solamente asunto de los políticos, los académicos o los empresarios; “el sentido de pertenencia tiene que existir en cada pueblo, en cada barrio, en cada familia, en cada discusión sobre el futuro. No es una cosa abstracta, filosófica; para la gente normal (debe ser ) un sentido común ligado a proyectos e intereses comunes”.
“Hay que ver para creer, como decía un escéptico Tomás”, y ejemplifica que en los años setenta y ochenta, los europeos vieron cómo desaparecían las demarcaciones fronterizas, las aduanas a cada lado de la frontera y cómo les beneficiaba el mercado común. Posteriormente, se pasó a la etapa de la elección por sufragio directo de un Parlamento Europeo, el cual es clave en la elaboración de legislación comunitaria.
En tercer lugar, Künhardt observa que no existen proyectos comunes en base a intereses comunes que refuercen el sentido de interdependencia, de un destino común.
Una excepción aquí sería el Plan Puebla Panamá, que implica proyectos de desarrollo desde la frontera de Colombia y Panamá hasta México.
No obstante, estas deficiencias de la integración en Centroamérica son comunes a otras experiencias como el Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones y el Caricom.
“La mezcla de todos los tres aspectos falta en América Central, o no falta pero está muy flojo, y también en las otras comunidades de integración de América Latina”, apunta el doctor Künhardt.
En una retrospectiva histórica, a 14 años de firmados los Tratados de Roma, piedra angular de la integración europea, es decir en 1971, los niveles de integración eran muy bajos.
“Hablando en esa época, en plena crisis del petróleo, los políticos han visto la necesidad de crear una moneda común, en 1971”, señala el politólogo alemán. “El euro fue creado en 2002, 30 años después. Tremendo déficit”.
Si bien el proceso de integración de Centroamérica es más o menos contemporáneo al de Europa, no avanzó en los años setenta y ochenta. Fue ésta más bien una época de retroceso.
Como una fecha más real del inicio —o reinicio— del proceso es 1991. El nuevo pistoletazo de salida se da con la firma del Protocolo de Tegucigalpa por los presidentes del istmo.
Este tratado crea el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), el Parlamento Centroamericano y la Corte Centroamericana de Justicia, órganos éstos últimos, a los que algunos países se han rehusado a pertenecer.