Carlos Manuel Hernández
La situación de Nicaragua es clara y ordinaria, como ordinarios son los objetivos de los líderes del pacto y los dos caudillos. En ellos no hay nada de extraordinario.
Desde que Daniel Ortega perdió las elecciones en 1990, no dejaría en paz a ningún gobernante que surgiera de sus derrotas. Ortega jamás aceptará que Nicaragua salga adelante, por ello se ha convertido en el azote de este pueblo.
Ningún gobierno ha sobrevivido a las presiones del sandinismo ortegano, sus acciones han sido extremadamente certeras y su eficacia llegó al clímax al encerrar a Arnoldo Alemán. Ese fue el cheque en blanco a la recuperación del poder. Los liberales arnoldistas no pueden hacer nada contra Ortega.
Nada progresa en Nicaragua si no es con la venia de Daniel Ortega, pues con sólo la amenaza de dejar firme la sentencia que condena a Alemán por sus actos los liberales arnoldistas ceden. Así es como don Daniel controla a don Arnoldo y con ello al pueblo de Nicaragua.
Todas las acciones que se hagan para contraatacar esta realidad deberá ser partiendo de esta realidad, lo demás es hacerse el “pendejo”.