John McKenna, de 49 años, corre en Galveston, Texas, a orillas de un mar embravecido por los fuertes vientos de Rita. McKenna trató de evacuar pero al quedar entrampado en la larga cola de carros, decidió regresar a su pueblo y esperar allí el paso del huracán.

Los pobres no pueden escapar de Rita

Muchos atascados y sin dinero Deborah HastingsAP HOUSTON, EE..UU.- A Wilma Skinner le gustaría lanzar unos cuantos gritos a los funcionarios de esta ciudad. El problema es que no atienden los teléfonos. “Hice llamados para un refugio, llamé pidiendo ayuda… Nadie atiende”, expresó la mujer cuando estaba parada frente a un negocio que cambia cheques […]

  • Muchos atascados y sin dinero

Deborah HastingsAP

HOUSTON, EE..UU.- A Wilma Skinner le gustaría lanzar unos cuantos gritos a los funcionarios de esta ciudad. El problema es que no atienden los teléfonos.

“Hice llamados para un refugio, llamé pidiendo ayuda… Nadie atiende”, expresó la mujer cuando estaba parada frente a un negocio que cambia cheques por efectivo pero que se quedó sin billetes. “Lo único que dicen todos es: salgan, salgan. No tengo forma de salir. Y ahora tampoco tengo dinero”.

Mientras el huracán Rita se aproximaba a Houston, muchos pobladores con vehículos estaban atascados en una caravana intentando salir de la ciudad. Aquellos como Skinner, pobres y con automóviles dañados, no tenían forma de salir y se sentían abandonados, según dijeron.

En el boulevard Bellaire, en el suroeste de Houston, una mujer llorando esperaba parada en una acera junto a su hija, rodeadas de bolsas plásticas llenas de ropa y frazadas.

“Me gustaría irme, pero nadie viene a recogerme”, expresó la mujer en un inglés entrecortado. Cuando le preguntaron su nombre, miró atemorizada. “No sé, no sé”, manifestó en español. Su niña, de unos 9 años, dijo en inglés: Somos de México.

“Todos los bancos están cerrados y recién salgo de trabajar”, dijo Thomas Visor, con un cheque en su mano mientras intentaba ingresar al edificio, donde más de 100 personas —todas negras o hispanas— permanecían inquietas en una fila.

“Esto es una locura. Cómo vamos a evacuar esta ciudad si no tenemos dinero? Respóndame eso”, sostuvo.

Algunas de las personas que sí tenían dinero e intentaron salir de la ciudad no llegaron muy lejos.

Judie Anderson de La Porte, Texas, recorrió sólo 72 kilómetros en 12 horas. Había permanecido en la carretera desde las 10 de la noche del miércoles, con dirección a Oklahoma, pero el jueves aún estaba muy lejos de su destino.

“Ésta es la peor planificación que haya visto”, dijo la mujer. “Dicen: hemos aprendido mucho del huracán Katrina. Bueno, no me lo han demostrado”.

De acuerdo con el censo, el condado de Harris tenía 3.6 millones de habitantes en el 2004, de los que el 14.7 por ciento vivía por debajo del nivel de pobreza, y el 8.7 por ciento carecía de vehículo. Ambas cifras son algo más elevadas que las nacionales. Más de un tercio hablaba un idioma distinto al inglés en su casa.

Para los pobres, las órdenes de evacuación obligatoria eran algo que simplemente no podían cumplir.

OFERTA DE MÉXICO

El Gobierno de México, en un segundo ofrecimiento de ayuda este mes a su poderoso vecino del norte, prometió preparar albergues para los estadounidenses desamparados por el huracán Rita y ofreció cuidado médico, agua y escoltas a los latinoamericanos que huyen de la tormenta.

(Los periodistas de la AP Pam Easton en Galveston y Tim Whitmire en Deer Park, contribuyeron con esta información).

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