Una solución que no resuelve nada

Alberto L. Alemán Aguirre La decisión de acabar el paro de varios días del transporte en Managua, gracias a nuevos subsidios oficiales, debió alegrar a centenares de miles de capitalinos agobiados por la dificultad de llegar a sus trabajos. Pero la verdad, debería preocuparnos más. A mí, algunas de las últimas noticias más bien me […]

Alberto L. Alemán Aguirre

La decisión de acabar el paro de varios días del transporte en Managua, gracias a nuevos subsidios oficiales, debió alegrar a centenares de miles de capitalinos agobiados por la dificultad de llegar a sus trabajos. Pero la verdad, debería preocuparnos más. A mí, algunas de las últimas noticias más bien me alarman.

En primer lugar, la solución hallada es solamente lo mismo de siempre: poner un parche a una llanta muy maltrecha para que siga rodando un tiempo más. Se decidieron subsidios para cubrir las demandas de un sector muy pequeño y con una muy bien conocida relación política con el partido más influyente de este país, el cual se dice “opositor” pero que de hecho disfruta de las mayores cuotas de poder muy real.

Como es tradicional, el gremio de los transportistas, una clientela política del Frente Sandinista de Liberación Nacional, puso en jaque al resto de la ciudadanía en defensa de sus mezquinos intereses. Y como es tradicional, el Gobierno terminó cediendo, la Asamblea Nacional —controlada por el FSLN gracias a la inercia reinante en el Partido Liberal Constitucionalista— se comprometió a desembolsar millones de córdobas para tapar el problema hasta diciembre. ¿Y luego? A lo mismo.

Es un clásico ejemplo de soluciones estrechas, a corto plazo y en el espíritu del clientelismo político latinoamericano.

¿En qué contribuye esto al bien común? Fuera de que los buses seguirán circulando por ahora, pues en nada.

¿Dónde quedaron aquellos acuerdos para exigir que los buseros dieran un mejor servicio, de que las unidades estuvieran en buen estado mecánico y limpias, de que los choferes y ayudantes darían un trato educado —es que siempre ha sido malo— a los pasajeros? De eso nadie se acuerda ya.

Es populismo barato afirmar que todo es culpa de este Gobierno. El alza petrolera es un fenómeno internacional frente al cual un país como Nicaragua —petróleo-dependiente, pobre y sin pozos propios o grandes centrales hidroeléctricas o geotérmicas— no puede hacer mucho. No obstante, eso no mengua la obligación de que el Ejecutivo elabore planes de una respuesta mínima, cosa en que aún se puede hacer mucho.

Más preocupante aún se ve la “solución” que está proponiendo el Alcalde de Managua don Dionisio Marenco y el FSLN, de importar petróleo venezolano en sociedad con la petrolera de Venezuela, PDVSA, y la sociedad dueña de Petronic. Este asunto plantea interrogantes inquietantes.

En primer lugar, quedan muchos pormenores de la transacción que no se han esclarecido, condiciones y exigencias de PDVSA, o sea, del gobierno venezolano. Más transparencia por favor, señor Marenco.

En segundo lugar, creo que existe el peligro de que lo que termine sucediendo es un endeudamiento irresponsable de alcadías —algunas muy pobres— que puede tener consecuencias políticas.

Es claro que la afinidad política del FSLN con el gobierno de Hugo Chávez es parte del trasfondo de este asunto. Chávez está en un rumbo de desafío a Estados Unidos, está promoviendo el ALBA como una alternativa al ALCA y está ganado amistades a través de las ofertas de petróleo en condiciones preferenciales a muchos en el Caribe y Sudamérica.

Este acercamiento es peligroso, porque dará un arma de presión al gobierno venezolano sobre Nicaragua. Es irresponsable esta actitud, porque la conducción de la política exterior es potestad del Poder Ejecutivo y hay una imposibilidad de un control efectivo del negocio por la Contraloría General o los tribunales —ambas instituciones bajo control político del pacto—.

Nicaragua no tiene otra opción más que tener buenas relaciones amistosas y tranquilas con Estados Unidos. Una nueva confrontación nos aislará internacionalmente y empeorará la situación socio-económica. La iniciativa merece más atención de los medios.

En general, en el tema de la energía, estamos tragándonos la factura de 25 años de descuido, falta de inversiones y de planes.

Hace un mes tuve la oportunidad de cubrir la cumbre de Centroamérica y Japón en Tokio. En un encuentro de los gobernantes del istmo y República Dominicana con empresarios japoneses y directores de las agencias que ejecutan la cooperación de Japón, un alto representante del JBIC, el Banco del Japón para la Cooperación Internacional, hizo una afirmación importante.

Dijo que hace unos años, el banco había financiado un estudio técnico sobre la geotermia en Centroamérica. Los expertos determinaron que la región puede cubrir toda su demanda con su potencial geotérmico. Expresó que el banco está abierto a financiar proyectos de este tipo.

Entonces me pregunto: ¿Qué se hizo ese estudio? ¿Por qué seguimos pagando tanto por una energía tan cara? ¿Por qué nadie —gobierno o empresarios privados— ha solicitado préstamos con ese fin?

Comparto esta información con la opinión pública, con el deseo únicamente de contribuir al bien común en este peliagudo asunto.

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