Luis A. Moncada L.
Los ojos de la gran mayoría de nuestro pueblo están atentos y observando con mucho cuidado el quehacer de tres de los candidatos que aspiran a ganar la Presidencia de la República en las elecciones de noviembre del 2006.
Posiblemente la diferencia entre los tres sea sólo de carácter físico, pues los discursos son similares. Los tres aparentemente se han apartado de los caudillos, claro, después que fueron purgados directa o indirectamente por las cúpulas de los partidos FSLN y PLC.
La pregunta del millón es: ¿quién de los tres candidatos encabezará la “gran alianza antipacto?” Considero que los tres tienen buenas cualidades y experiencia para ser gobernantes de nuestro país, pero ninguno de ellos quiere ser cola de furgón y ése es el gran problema, no de hoy sino de siempre, o sea que al momento de tomar la gran decisión nadie quiere bajarse al segundo escaño. Pero lamentablemente se impone sólo una Banda Presidencial, al menos que se piense en un triunvirato, lo que a decir verdad es prácticamente imposible.
Pero bien, si en verdad no existe diferencia entre el discurso y el actuar de cada uno de los tres fuertes candidatos, es oportuno que se plantee una estrategia para que en determinado momento los tres depongan sus candidaturas ante el altar de la Patria y una junta de notables de 10, 20, 50 o más ciudadanos, representativos de los diferentes sectores sociales, políticos y regiones del país, de forma secreta elija al que nos representará en la gran contienda electoral.
No es en almuerzo-trabajo que se debe decidir el destino de la Patria. La historia nos ha dicho que siempre las oportunidades no las hemos aprovechado, ya que a última hora prevalece el egoísmo, el figureo, el yo y sólo yo, o lo peor es que los “grandes” al final se doblegan, sea por mano de afuera o simplemente por unos cuantos dólares más.
Juigalpa, Chontales.