Asombro

Maritza Powell Por mi juventud no sabía en aquel entonces, 1979, que cuando me levantaba diariamente a las 6:00 a.m. y regresaba a mi casa a las 10:00 p.m. estaba contribuyendo al desarrollo de mi querida Patria. Trabajaba de día y estudiaba de noche. Lo hacía con el deseo inmenso de ganarme la vida honradamente. […]

Maritza Powell

Por mi juventud no sabía en aquel entonces, 1979, que cuando me levantaba diariamente a las 6:00 a.m. y regresaba a mi casa a las 10:00 p.m. estaba contribuyendo al desarrollo de mi querida Patria. Trabajaba de día y estudiaba de noche. Lo hacía con el deseo inmenso de ganarme la vida honradamente.

Para ello me transportaba en buses desde el barrio La Fuente, en Managua, hasta los alrededores del 7 Sur, a mi trabajo en Centromatic Nejapa y después me iba al CES (Centro de Estudios Superiores) contiguo al Mercado Oriental, donde estudiaba Banca y Finanzas.

Trataba de salir de la pobreza en la que vivía con mi mamá, mis hermanos y mi pequeño hijo. En mi trabajo era la asistente del gerente general en el departamento de importaciones y exportaciones. Después me sumaron a mi cargo la compra de la gasolina a la Refinería. (En el negocio había también una gasolinera).

Así es que diariamente pasaban por mis manos muchísimos miles de dólares. Nunca se me pasó por mi mente hacer ningún tipo de trampa para vivir en un nivel económico y social que no me había ganado honradamente.

Con tremendo asombro leo ahora en las páginas del Diario de los Nicaragüenses, LA PRENSA, cómo muchos políticos venden sus almas al caudillo de sus partidos. Traicionan al joven que busca cómo superarse en la escuela y el trabajo; desconsuelan y llenan de vergüenza al padre de familia que trata de inculcar en sus hijos los valores cristianos y cívicos y en sí, enlodan sus manos y sus ojos con la traición del pueblo que necesita defensores contra la dictadura, el totalitarismo socialista y la corrupción.

La Asamblea Nacional es el poder del Estado que fue establecido para evitar que una persona tuviese todo el poder. Sin embargo, en nuestro debilitado país la gran mayoría de los diputados pone sus firmas donde sus jefes se lo indican y de esa manera destruyen el esfuerzo de la gran mayoría y favorecen sólo al que los puso en el puesto. El lodo de las manos les ha llegado a los ojos y al alma. Que Dios se apiade de los nicaragüenses que buscan su porvenir en el trabajo honrado, aunque tengan que colgarse de los buses y comer saltado.

Cartas al Director

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