José Quezada
Desde London, Ontario, escribo estas palabras. Quiero recordarles a los ilustres “padres” de la República que se trenzan en tórridos debates para legislar de la mejor conveniencia para nuestro país lo que cuenta la historia de Roma en tiempos del poderoso Senado romano, dominado por Catón y Pompeyo.
Estos dos personajes, temiendo el poder y riquezas que estaba amasando el César, debido a sus grandes conquistas en la Galia y Germania, decidieron eliminarlo de la política declarándole enemigo del pueblo en una controversial sesión del Senado planeada por el celoso Pompeyo, que tenía como trasfondo que uno de los senadores (Antonio) usaría su poder de veto para que la tal declaración sólo quedase como amenaza y así obligar al César a negociar su futuro político con el Senado, y además aprovechar para desintegrar al Ejército.
Pero como siempre hay un pelo en la sopa, Antonio no pudo utilizar su poder de veto debido a la violencia desatada entre los seguidores del César y los del Senado, lo que dejó como ley escrita el “Decreto” que convertía al “César” en enemigo del Pueblo y lo obligó a retornar con sus legiones hacia Roma. Los senadores, temiendo por sus vidas, abandonaron Roma encabezados por Pompeyo, quien les prometía que reuniría sus legiones y recuperaría la ciudad en poco tiempo.
De esta forma se desbarató la República y el Senado, muriendo muchos de ellos, algunos ejecutados por el propio pueblo que quería de esa forma cobrarse las malversaciones y abusos cometidos desde el Senado por estos señores. Se me vienen a la memoria estos acontecimientos al leer sobre la iniciativa de desaforar al presidente Bolaños. Cuidado les sale el tiro por la culata, como decimos en buen nicaragüense.