Lidiando con jefes bravucones

John Baldoni Roman, Times, serif»> Lidiando con jefes bravucones John Baldoni Juzgamos a las personas, en buena parte, por los resultados que obtienen, y eso es razonable. Contratamos personas para crear valores, promoverlas a posiciones donde puedan crear más valores, y esperamos que aumenten su valor con cada año que pasa. Pero ¿qué pasa con […]

John Baldoni

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Lidiando con jefes bravucones


John Baldoni




Juzgamos a las personas, en buena parte, por los resultados que obtienen, y eso es razonable. Contratamos personas para crear valores, promoverlas a posiciones donde puedan crear más valores, y esperamos que aumenten su valor con cada año que pasa.

Pero ¿qué pasa con la conducta detrás de los resultados? Pueden las acciones de algunos de los gerentes socavar el futuro de la empresa inclusive cuando ayudan a generar ganancias en el corto plazo?

Un problema de conducta que es especialmente problemático entre exitosos gerentes es la bravuconería. Los jefes prepotentes son la pesadilla de una administración. Ellos son aquéllos que se atribuyen los méritos por las ideas de sus subordinados, tienen una actitud grosera, humillan a los empleados en público, hablan por detrás, y envían a otras personas a hacer el trabajo sucio.

Si los bravucones son tan malos ¿por qué se les tolera? Una de las razones es que obtienen buenos resultados, al menos en el corto plazo. “Los jefes bravucones tienen algunas características positivas”, dice Paula Caproni, autora de Management Skills for Everyday Life: The Practical Coach (Destrezas de la gerencia para la vida cotidiana: un entrenador práctico, Pearson Prentice Hall, 2005). “Sin embargo, esas virtudes en ocasiones ocultan una grave debilidad. Eso incluye la desconfianza en la capacidad de los empleados, una gran necesidad de controlar todo, un deseo de administrar al detalle, falta de inteligencia emocional, e incapacidad para obtener lo mejor de los empleados”.

Y cuando las cosas se ponen difíciles, esas fallas pasan a primer plano. En el largo plazo, esa conducta quita la energía y la motivación a los subordinados y reduce la capacidad de producir buenos resultados.

SEÑALES DE ADVERTENCIA

¿Hay un bravucón en sus filas? Tome en cuenta estas señales de advertencia: mire a sus empleados a los ojos.

Si usted sospecha que uno de sus gerentes es un bravucón, es posible que esté en lo correcto. Pero no haga suposiciones. Revise las cosas por su cuenta. No espere que todos sus empleados hablen. Los bravucones tienen maneras insidiosas, por lo cual, tal vez no encuentre muchas personas dispuestas a darle información. En cambio, tome en cuenta cosas que los empleados no le dicen, por ejemplo, si tienen placer en trabajar para una persona en particular.

EXAMINE RESULTADOS

Los bravucones con frecuencia falsifican cifras. Es por eso que resulta tan difícil desprenderse de ellos. Por lo tanto, haga sus propios cálculos. Eso podría incluir un alto nivel de ausentismo, una cifra desproporcionada de solicitudes de transferencia, y de renovación de personal, así como escasos pedidos de traslado a la unidad de quien se sospecha de prepotencia.

CUIDADO CON EL ADULADOR

Los aduladores no son lo que parecen. En ocasiones la adulación que le prodigan surge del ego del bravucón. Tales personas son trepadoras, que usan a los demás. Examine lo que hacen, no lo que dicen que hacen. Tome bien en cuenta qué personas realmente están produciendo ganancias. Con frecuencia, son los empleados que no alardean de su capacidad.

PASOS A ADOPTAR:

Una vez identifique al bravucón, hay dos cosas que usted puede hacer:

Algunos bravucones pueden redimirse. Si eso es posible, trate de contratar a un entrenador para ejecutivos, con el fin de que lo ayude a modificar la conducta. Pero con una salvedad: deje bien en claro que el bravucón tiene un grave problema, y que debe cambiar. Si usted es explícito y hace al bravucón responsable por su cambio de conducta, entonces infórmele que el cambio no es una opción, sino la única solución.

Cuando los bravucones resisten toda ayuda, deben ser eliminados de la organización.

Cada persona es importante en una empresa. Por lo tanto, aquéllos que lejos de llevar a cabo sus tareas, añaden cargas a las tareas de los otros, deben ser despedidos.

“Además, jefes groseros pueden traer litigios” a una firma, escribe Caproni, quien es también directora del Programa de Desarrollo de Educación Profesional para Ejecutivos en la Escuela de Administración de Empresas Ross, de la universidad de Michigan. “El pequeño tirano puede poner nerviosos a los empleados y eso los hace más proclives a cometer errores o a sufrir accidentes”.

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